APROXIMACIÓN A UNA HISTORIA DEL VIDEOARTE EN COLOMBIA
“Puede que el video sea la única forma
artística en tener una Historia antes de tener una
historia.”
Bill Viola
“El hecho
de que la historia del video haya sido encarada con el tipo de narración con que
lo ha sido, es el resultado directo de una jerarquía de significaciones
determinada, y se diferencia de muchas historias convencionales tan sólo por el
hecho de que la han escrito activamente muchos de sus personajes, incluso en la
misma medida en que participaban de ella.”
Marita
Sturken
Para este
resumen fueron tenidos en cuenta los hitos destacables de esta historia. Se optó
por presentar un panorama general sobre la situación del fenómeno videoartístico
en Colombia, reconociendo los sucesos principales de su acontecer y procurando
un énfasis en sus problemáticas determinantes. De esta manera, intentamos
facilitar posteriores acercamientos -estéticos, analíticos o críticos- hacia
particularidades de las obras, por parte de investigadores especializados; al
igual que soluciones a sus contingencias desde el trabajo artístico y
profesional relacionado. La lectura de este texto puede ser complementada con
sus referencias contextuales y ampliada con ayuda de las fichas técnicas
incluidas, por áreas temáticas, en los anexos de esta
investigación.
Una
cierta “prehistoria” del videoarte, como arte electrónico y a la vez
comunicativo, se había dado preliminarmente en la T.V. de distintos países desde
la década de los años cincuenta; conexo a la televisión se puede hallar el
origen formal del video, así como también su primera cuna de producción
artística. Sin embargo, en Colombia, la T.V. no ha tenido incidencia en el
quehacer del arte como creación específica para este medio; ciertas calidades
ostentadas, principalmente, dentro del tele-teatro y la música popular,
no han tenido congruentes niveles artísticos como para ser tenidos en cuenta. La
mediocridad creativa que no admitía la experimentación, la desidia cultural sin
visión progresista en los medios masivos y la ausencia de intencionalidades
artísticas - tanto de las instituciones como por parte de los artistas -, para
con este medio; hicieron que la T.V. se estancara artísticamente y fuera,
indolentemente, segregada por este ámbito.
Desde
esta misma perspectiva, son escasísimos los precedentes nacionales en el campo
de las artes plásticas, donde se puedan encontrar obras visuales que utilicen,
pertinentemente, elementos electrónico-televisivos o videográficos; por ejemplo,
en las formas óptico-cinéticas o cibernéticas de los años sesenta. Además
de los presumibles retrasos
estéticos, indudablemente, las dificultades técnico-económicas también
constituyen otra de las causas de esta ausencia de creación de obras
electrónicas. Sin embargo, sea cual fuese la razón, las obras visuales, no se
desarrollaron hacia concepciones que diesen paso al video.
Así,
pues, la apreciación pública del medio video, en contexto artístico colombiano,
es relativamente reciente; podría delimitarse cronológicamente a veinticinco
años de actividades, puesto que hasta 1976 no se tienen referencias directas en
el país. No obstante, en las Bienales de Arte Coltejer en Medellín (quizá
algunas de las más relevantes exposiciones de arte internacional llevadas a cabo
en Colombia), desde su segunda edición realizada en 1970, podemos encontrar
obras de artistas extranjeros que hacían uso de material electrónico de tipo
“video-televisivo”.
Al margen
del acontecer nacional, a mediados de los años setenta, se empieza a tener
noticia de actividades videoartísticas de “cerebros fugados” en el exterior. De
esta manera, mientras que en Colombia las posibilidades de acción y
reconocimiento se habían agotado, tanto por dificultades económicas, como por
contrariedades ideológicas del
sistema del arte convencional, establecido comercialmente en galerías y
museos; algunos artistas colombianos que tendían a expresiones avanzadas de tipo
experimental o conceptual, abiertas a diferentes soportes materiales, fueron
apropiándose históricamente del medio video en diferentes países.
Este fue
el caso de Raúl Marroquín, pionero y sobresaliente animador del videoarte en
Holanda, conocido por su revista Fandangos y por sus notorios proyectos
de videoarte en performancias, instalaciones y transmisiones vía satélite.
Actualmente, su trabajo prosigue, principalmente a través de la Internet,
desarrollando programas consistentemente politizados sociológica y
estéticamente. Parte de su obra videoartística fue mostrada, por primera vez en
el país, en la I Bienal Internacional de Video-Arte del MAMM,
organizado el Museo de Arte Moderno de Medellín (MAMM) en 1986. En esta misma
exposición, se pudieron ver algunos trabajos de Jonier Marín, artista conceptual
también establecido en Europa, cuya obra ha sido comentada en diversas revistas
de arte como por ejemplo, la Artpress, de Francia. Así mismo, podríamos
nombrar a Michel Cardená, cuyas performancias con video en vivo, tituladas
Warming Up Etc. Company, son conocidas internacionalmente. Sin embargo, y
a diferencia de los artistas nombrados anteriormente, sus obras con video, hasta
hoy, no han sido expuestas en Colombia.
El año de
1976 marca la aparición de un primer interés público, provocado por la
exposición Video arte, realizada por el Centro Colombo Americano de
Bogotá. El material presentado, había participado en la XIII Bienal de São
Paulo, en Brasil y comprendía más de treinta y dos obras de los más
destacados videoartistas norteamericanos, entre ellos, Bruce Nauman, Vito
Acconci, John Baldessari, Allan Kaprow, Les Levine, Ed Emswhiler, Stephen Beck,
Peter Campus, Steina y Woody Vasulka, Bill Viola y Andy Warhol; así como, Nam
June Paik con su célebre instalación Video jardín. A pesar de que ésta
puede considerarse como una de las más significativas exposiciones de arte
internacional de los años setenta en el país, no fue destacada por los medios de
comunicación ni suscitó especial interés entre artistas y críticos.
Con
motivo de esta exposición, se publicaron, sobre el tema, las primeras noticias
periodísticas, en forma de notas cortas, en El Tiempo y El Espectador,
periódicos de la capital; además del importante artículo Por los ambientes de
la XIII Bienal de São Pablo, del crítico colombo-argentino Galaor Carbonell,
que apareció en el primer número de la revista Arte en Colombia, en julio de
1976. Este artículo, que incluye apuntes sucintos sobre la obra de Paik, puede
considerarse el primer escrito referencial sobre videoarte en Colombia. Así
mismo, éste fue incluido por extractos en el substancial catálogo publicado y
distribuido durante la exposición, el cual también comprendía artículos
traducidos de relevantes críticos y curadores norteamericanos como David Ross y
Jack Boulton. Por otra parte, el Centro Colombo Americano tradujo y publicó, en
su revista Tinta (No. 2), un fugaz artículo de novedad periodística
titulado La T.V. como Arte, escrito por el productor norteamericano de
televisión, Fred Barzik.
En aquel
momento, se sentó un precedente para el acceso público a material videográfico.
La biblioteca del Centro Colombo Americano de Bogotá, brindó la posibilidad de
consultar y revisar una serie de casetes pertenecientes al programa The
Medium is the Médium, transmitido originalmente en 1973 por la WGBH,
canal de televisión de Boston, que contenían extraordinarias obras de Paik,
Wasulka, Beck, Campus y Emswhiler; entre otros.
La
dificultad de acceder en Colombia a información escrita sobre videoarte
radicaba, primordialmente, en la escasa publicación de libros especializados y
en las barreras idiomáticas de traducción para con las pocas fuentes extranjeras
obtenibles; pero, sobre todo, en la ausencia de críticos y profesores de arte
nacionales con criterios competentes que pudiesen aportar información y
formación sobre el tema. Los datos y comentarios sobre actualidad del videoarte,
provenían, principalmente, de revistas norteamericanas como Art Forum o
Art in America; los textos de arte que se conseguían en Colombia, donde
sólo se hacían referencias al videoarte, eran demasiado pobres en información
como para ser considerados. Otros libros eran, ocasionalmente, accesibles en
colecciones privadas, como por ejemplo: el influyente Expanded Cinema de
Gene Youngblood, la recopilación Video Art de Ira Schneider o las
introducciones en Video Visions de Jonathan Price; los cuales circulaban,
entre pocos, y en calidad de préstamo.
Dos años
después de la primera exposición de videoarte en Colombia, en 1978 el Salón
Atenas, organizado por el Museo de Arte Moderno de Bogotá (MAM), incluyó los
trabajos videoartísticos: In-pulso, de Sandra Isabel Llano y
Autorretrato, de Rodrigo Castaño, los cuales constituyen los primeros
trabajos de videoarte colombiano exhibidos museográficamente en el país. Este
fue un fenómeno inesperado, aunque habría que considerar que estos dos artistas
se habían formado y/o exponían, en ese entonces, en el extranjero.
Autorretrato era un
videoarte realizado con equipo profesional de televisión, donde un cierto
interés pictográfico abstraccionista, obtenido por colorizaciones, creaba
sugestivas impresiones electrónicas. Inesperadamente, después de los años
setenta, la obra artística de Rodrigo Castaño no tuvo un posterior proceso de
evolución significativa; se le recuerda más por sus trabajos comerciales en T.V.
(en colaboración con su familia vinculada con los medios masivos), o también por
sus triviales realizaciones cinematográficas, como el largometraje coproducido
con México: El Niño y el Papa.
La obra
de Sandra Isabel Llano se había desarrollado, principalmente, en México y
Estados Unidos, por lo cual, gozaba de un cierto avance conceptual y formal, en
relación con las entonces rezagadas condiciones del arte en Colombia.
In-pulso consistía, básicamente, en la acción de registro de sus propios
electrocardiogramas; “verdadero análisis de la fisiología y sicología de la
artista, la solución visual de esta obra remitía al arte corporal por una parte
y a un particular proceso autobiográfico por otro, que hacían del suyo uno de
los trabajos más singulares del nuevo arte nacional”[1]. Esta artista, aunque no volvió a
exponer en el país, prosiguió su interesante obra, tanto en México como,
actualmente, en Nueva York.
Esta
primera muestra colombiana de videoarte en el Museo de Arte Moderno de Bogotá,
sólo suscitó una pequeña reseña y unos breves comentarios contradictorios en la
revista Arte en Colombia (Número 3 de 1979), quizás la única destacable
en el país en aquella época. Sin embargo, Sandra Isabel Llano había podido
publicar, a través de la Universidad Autónoma de México, un pequeño volante que
se distribuyó durante la exhibición, donde el influyente crítico mexicano Juan
Acha, daba cuenta de la calidad e importancia de esta obra.
Estas
mismas obras de Sandra Isabel Llano y Rodrigo Castaño, fueron luego exhibidas en
1979, durante el Primer Festival de Arte de Vanguardia en Barranquilla,
así como en 1980, en la exposición Arte de los Años 80s en el Museo de
Arte Moderno La Tertulia de Cali, y en varias retrospectivas de videoarte
colombiano.
En
Colombia, la formación videoartística en escuelas y universidades,
sencillamente, era inexistente; por esta razón, no se establecían índices
apreciativos de análisis investigativo ni, mucho menos, realizaciones prácticas
que permitieran que los alumnos se ejercitarán en forma continua y progresiva.
En las Facultades de Comunicación Social (en las cuales hasta hacía poco no
existía ni siquiera el área de estudios cinematográficos), el currículo no tenía
en cuenta a los medios de comunicación como posibilidades expresivas. De esta
manera, dentro del área de video se dictaban cursos cortos de televisión a nivel
básico, pero que no lograban aportar una formación que profundizara en lo
creativo. De igual modo, en las Facultades de Arte, la ausencia de profesores
especializados, así como el desinterés e ignorancia en las artes no
convencionales, frenaba el desarrollo de las artes conceptuales e
intermediales, sin que tampoco se fomentara la investigación
experimental. Sólo se realizaban menciones esporádicas, o alusiones temáticas en
programas generales.
Durante
1978, algunos primeros conceptos y ejemplos sobre videoarte aparecieron en los
cursos dictados por el realizador alemán Tillman Rohmer, en la Facultad de
Comunicación Social de la Universidad Javeriana de Bogotá. En su país, y desde
comienzos de los años setenta, había sido pionero en trabajos de video
independiente, comunitario y artístico; y aunque en Colombia estuvo aportando su
valiosa experiencia, desafortunadamente fue por pocos
años.
Era usual
que se desaprovecharan las condiciones de que gozaba, en aquel entonces, el
videoarte en Estados Unidos o en Europa; es decir, el especial interés en
curadurías y distribución, que se ofrecía a partir de contactos internacionales.
Sólo hasta 1979, el Museo de Arte Moderno de Bogotá exhibiría, inadvertidamente
y por muy corto tiempo, en su Sala de Proyectos, tres videoartes conceptualistas
norteamericanos de los reconocidos artistas Allan Kaprow, Les Levine y Denis
Oppenheim; material cedido por Ana Canepa, distribuidora newyorkina. La
exhibición fue acompañada de un pequeño programa de mano, con cortas fichas
técnicas y parcas descripciones.
A principios de la década de los ochenta, el videoarte seguía siendo
un fenómeno vulgarmente desconocido en Colombia; raras manifestaciones señalaban
su presencia. La producción también se veía afectada por dificultades en la
consecución de equipos técnicos, todavía muy escasos en el país. El acceso a
materiales profesionales rara vez se posibilitaba; la televisión se desentendía
de usos experimentales; y la utilización de dispositivos de baja calidad, la
mayoría en formato de ½ pulgada (Betamax o VHS), con exiguas capacidades de
edición y sin mezclas ni efectos de postproducción, era un régimen indefectible
en la realización de la mayoría de los videos independientes.
Un suceso
insólito fue la primera, y hasta ahora última, exposición importante de un
artista internacional en una galería de arte. Se trataba de Yellow Triangle
Videoconstruction del
estadounidense Bucky Schwartz, en la Galería Garcés Velásquez de Bogotá
en 1980, quien presentó una video instalación que aprovechaba el efecto óptico
de ausencia de profundidad específico del video y realizaba una reconstrucción
angular tridimensional del espacio intervenido.
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Otro
hecho inusitado aconteció en el contexto del XXVIII Salón Nacional de
Artistas de 1980, realizado en el Museo Nacional de Colombia, en Bogotá: la
obra Juego No. 1, de María Consuelo García, fue ganadora del primer
premio. Se trataba de una instalación con muñecos acompañada de un video, donde
se mostraba un registro de acción- manipulación, entre crítico e irónico, sobre
personajes y situaciones políticas. Como parte integral de la obra, este video
que recreaba un episodio histórico, se puede considerar también como artístico y
constituye el primer premio de importancia nacional otorgado a una obra con
video en Colombia. Con posterioridad, esta artista, incomprensiblemente,
desapareció del panorama artístico colombiano. Un interesante comentario crítico
sobre esta obra apareció publicado en Revista (No. 6 de 1981), se trataba
de Salón Atenas VS. Salón Nacional escrito por José Hernán
Aguilar. |
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El único
artículo que abordó al videoarte con suficiente profundidad, publicado en una
revista colombiana, durante la década de los ochenta, fue el del crítico
mexicano Juan Acha titulado El Video, en la revista Arte en
Colombia (número 16 de 1981). Es un texto básico donde se formulan algunos
de los problemas específicos y posibilidades artísticas del medio. En este mismo
número de la revista, el crítico colombiano José Hernán Aguilar comentó,
someramente, en un artículo alrededor del contexto cinematográfico, titulado
Violencia y Experimento en Vías de Desarrollo, la obra en video de Gilles
Charalambos.
En 1981,
el Museo de Arte Moderno de Medellín, paralelamente a la IV Bienal de Arte
Coltejer, organizó el Primer Coloquio Latinoamericano de Arte
No-Objetual, un trascendental evento internacional del tardío arte
conceptual, que incluía una pequeña muestra de videoarte compuesta por obras de
los artistas venezolanos Carlos Zerpa, Carlos Castillo y Yeni-Nan; más registros
documentales de acciones o performancias, que videoartes propiamente
dichos.
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Durante
el mes de septiembre de 1981, Gilles Charalambos realizó una exposición en el
Museo de Arte Moderno de Bogotá, la primera no colectiva videoartística
colombiana, titulada Tortas de Trigo. Consistía en una instalación con
video, la cual pretendía extender, virtualmente, dimensiones audiovisuales, a
través de diversos materiales. El pequeño catálogo de dicha exposición, incluía
algunas notas apreciativas del crítico José Hernán
Aguilar. En 1982,
la curadora de videoarte del Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), Barbara
London, en una visita a Colombia, seleccionó tres obras: Apocalipsis
(1980) de Rodrigo Castaño, un largo travelling por paisajes desérticos
con tratamientos cromáticos abstraccionistas; Ladrillos (1980) de Oscar
Monsalve, una película “hiperealista” en formato súper 8 transferida a video; y
Distorsión, intermitencia, violencia en esta información (1979) de Gilles
Charalambos, un videoarte hecho a base de ruidos y desestabilizaciones de la
señal electrónica. Estos trabajos fueron exhibidos en una muestra de videoartes
latinoamericanos en dicho museo y desde entonces forman parte de su colección.
Esta fue, seguramente, la primera aparición de importancia en el extranjero para
el reconocimiento del videoarte colombiano. |
Sin
embargo, dentro del panorama nacional se excluía o, en el peor de los casos, se
comenzaba a confundir al medio con exhibiciones equívocas: en noviembre de 1981
y en octubre de 1982 en el Museo de Arte Moderno de Bogotá se organizaron
tentativamente muestras o festivales de cine colombiano en formato de súper 8 y
de video. Fracasando en la recopilación de material, así como en los criterios
de selección, se mostraron trabajos hechos a partir de transferencia de película
a video, documentales convencionales y hasta videos publicitarios. Ningún
videoarte participó, pero es de recordar un video narrativo realizado por una
ex-reina de belleza, María Luisa Lignarolo: una especie de cursi melodrama
turístico hecho en México. Aún así, habría que reconocer que estas muestras eran
indicadoras del estado incipiente en el que se encontraba el videoarte en
Colombia.
En el
área académica, no se brindarían posibilidades de formación artística que
utilizaran al video como medio, sino a partir de 1983, fecha en la que Verónica
Mondéjar, profesora del Departamento de Artes Plásticas, incluyó la apreciación
de obras y algunos ejercicios prácticos de videoarte en su Taller de
Fotografía-Video IV, en la Universidad Nacional de Colombia en Medellín.
También en los Talleres de Arte de la Universidad de los Andes de Bogotá, el
profesor Gilles Charalambos dictó, en el mismo año, dos semestres de su
asignatura Nuevos Medios, que comprendía temas conceptuales y realización
de videoarte. Estos dos cursos, fueron los primeros programas curriculares sobre
videoarte dictados en el país. Quizás, elementalmente, por tener que recurrir a
nimios recursos materiales y equipos, estos cursos-talleres fueron acercamientos
embrionarios para la utilización artística del video en contextos
universitarios. Entre los egresados podemos citar a algunos creadores, que
realizaron futuros trabajos videoartísticos: María Fernanda Cardoso, Margarita
Becerra y Carlos Gómez; en la Universidad de los Andes, y Ana Claudia Múnera y
Javier Cruz, en la Universidad Nacional de Medellín.
Dentro de
la bibliografía en idioma español, precariamente, se contaba con el único libro
sobre videoarte distribuido en Colombia: En torno al video, una
recopilación de escritos seleccionados por el catalán Eugení Bonnet, editada por
Gustavo Gilli y distribuida en el país desde comienzos de 1983. Era un libro
interesante por ser una introducción al videoarte con acotaciones claras de tipo
técnico, contextos históricos y algunos comentarios ilustrados fotográficamente;
también resultaba valioso por contener referencias a otras
fuentes.
Poco a
poco se dieron, desde mediados de los años ochenta, pasos claves para el
advenimiento del videoarte en la ciudad de Medellín: el Museo de Arte Moderno
organizó, por primera vez, en 1984 una Muestra de Audiovisuales, Cine y
Video, donde se exhibieron trabajos de Javier Cruz, Alfredo Gómez y Ana
Mejía. Así mismo, dicho museo organizó, el IV Salón Arturo Rabinovich en
1984, exposición dedicada al arte joven colombiano, en la que se presentaron dos
obras videoartísticas: Sin Título, del artista antioqueño Javier Cruz; e
Infinidad y Límite, de Alfredo Gómez. En el V Salón Arturo
Rabinovich en 1985 se mostró, un video registro de una acción corporal
titulado Disereré, obra de las artistas antioqueñas Mónica Farbiarz y
Martha Vélez. |
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Una
oportunidad para advertir los vínculos entre videoarte y ciertas tendencias
políticas o sociológicas del video comunitario (otro uso del video
desaprovechado en el país) fue ofrecida, a través de la Embajada de Canadá: una
muestra seleccionada del certamen Video 84 Bienal Internacional de la Imagen
de Montreal, compuesta por veinte obras canadienses y acompañada por
conferencias introductorias de Andrée Duchaine, coordinadora de dicho certamen.
Fue exhibida en los Museos de Arte Moderno de Medellín y de Bogotá, así como en
la Cinemateca El Subterráneo de Medellín.
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En el
país, la producción de videoarte, hasta mediados de los años ochenta había sido
lamentablemente reducida; aún así, y ante la ausencia de oportunidades para
exponer, los escasos videoartistas colombianos ideaban la organización de
sesiones, con la presentación de sus propios trabajos, en diferentes espacios
alternativos: disímiles veladas caseras o hasta en bares (Johan Sebastian
Bar o El Goce pagano en Bogotá), donde un reducido y, a veces,
inadvertido público, se enfrentaba a esta forma insólita de
arte. Por fin,
una precursora convocatoria, de recopilación y selección de videoarte
colombiano, fue producida en 1985 por la Fundación para las Artes Avanzadas -
ARTER de Bogotá. Las obras de nueve videastas colombianos fueron expuestas con
el título de Primera Muestra de Videoarte Colombiano. Los tempranos
trabajos Apocalipsis y El Sermón de Rodrigo Castaño; una
versión narrativa sobre un cuento de Cortázar, Continuidad de los
Parques, realizada por Jorge Perea, Augusto Bernal y otros colaboradores;
algunos ensayos sobre la figura de Bolívar del artista plástico David Mazuera;
dos videopirateos críticos sobre la T.V. de Karl Troller y Carlos
Buitrago; los primeros videos realizados por José Alejandro Restrepo, obras
cortas y minimalistas; la instalación Videotez, con trece televisores, de
Ricardo Restrepo (hermano de este último); además de los videos realizados por
computador en 1984: Azar Byte Memory Sens, En el Estilo
de... y No Entiendo ni ...; de Edgar Acevedo y Gilles Charalambos,
trabajos de tendencia conceptual, que pueden considerarse como las primeras
obras videográficas digitales elaboradas en Colombia. |
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En junio
de este mismo año, se presentó parte de esta muestra en la Cooperativa de
Artes Plásticas de Bogotá, con comentarios de Germán Muñoz, semiólogo
universitario, y Gilles Charalambos, artista y organizador.
A mediados de 1985, John Orentlicher, artista y profesor
norteamericano de la Universidad de Syracuse en visita al país, ofreció un corto
taller de realización videoartística en la Universidad Javeriana de Bogotá en el
cual, se crearon tres obras cortas de género narrativo; también dictó
conferencias en el Museo de Arte Moderno de Medellín y en la Universidad
Nacional en Medellín sobre el mismo tema. De la
misma manera, se hicieron, a partir de esta época, referencias apreciativas y de
tipo histórico, en otros cursos como el de Historia del Arte de José
Hernán Aguilar, en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional en
Bogotá; así como, acotaciones en diferentes programas de Comunicación Social
dictados por Germán Muñoz en las universidades Externado de Colombia y Javeriana
de Bogotá. El video
comenzó a ser utilizado, como forma intermedial, por algunos artistas
nacionales de vanguardia: en agosto de 1986, Carlos Gómez presentó en el
Centro Colombo-Americano de Bogotá una performancia, o acción artística
en vivo, titulada Interfiera o no Interfiera etc. que incluía
videocintas, cámara en circuito cerrado y seis televisores. Este artista
prosiguió su trabajo, principalmente, en el campo musical, en Barcelona,
España. |
El evento
de videoarte más importante realizado en Colombia hasta entonces, y quizás hasta
la actualidad, se llevó a cabo en Medellín durante los meses de agosto y
septiembre de 1986: la I Bienal Internacional de Video-Arte MAMM,
organizada por el Museo de Arte Moderno. Un notable trabajo administrativo y de
gestión, contactos y selección, que se realizó, a través de la colaboración de
varias embajadas y la asesoría de especialistas; permitió la producción de una
gran muestra, que sería considerada una de las más importantes dentro del ámbito
latinoamericano.
Dicha
muestra, contó con la representación de doce países participantes que,
conjuntamente, conformaban una programación de más de doscientas obras. Se
exhibió una retrospectiva histórica del videoarte, principalmente,
norteamericano, que permitió fundamentar su apreciación, a través de su
nacimiento y desarrollo. La selección y exhibición incluyó nuevas producciones
dando como resultado, gracias a una coherente labor museográfica, una bienal de
actualidad, comparativamente, con las últimas tendencias internacionales, que
buscaban provocar un interés hacia el arte contemporáneo y proyectar sus
recientes posibilidades expresivas.
En esta
Bienal se generaron espacios para la adquisición de conocimiento, alrededor de
los procesos creativos de diferentes videoartistas y el estudio de viabilidades
de producción, a través de talleres guiados por reconocidos artistas extranjeros
invitados: Ulrike Rosembach artista alemana, desarrolló las relaciones entre
videoarte y su aplicación a la performancia o acciones artísticas. John
Orentlicher, artista norteamericano, expuso sus enfoques respecto al videoarte
narrativo y a las nuevas creaciones del relato en video. Luc Bourdon, artista
canadiense, propuso un nuevo canal comunicativo a través de las video-cartas
artísticas, género epistolar en video de intercambio internacional. El
destacado artista inglés, Jeremy Welsh, realizó un taller de expresión
experimental.
En la
mayoría de estos talleres, con una limitada asistencia y una corta duración, se
alcanzaron a realizar trabajos colectivos dirigidos; importante experiencia
práctica para los participantes, la mayoría neófitos en el medio. De igual
manera, se ofrecieron coloquios y charlas abiertas que permitieron primigenias
apreciaciones de este nuevo medio artístico en el país, como la conferencia
Videoarte en Colombia, dictada por Gilles Charalambos en el MAMM.
Como
parte del cubrimiento de este evento, dicho artista, había realizado una breve
nota de presentación e invitación a esta Bienal, para un programa televisivo de
Colcultura, emisión que puede considerarse una de las primeras
referencias específicas al videoarte en la T.V. colombiana. También, se
produjeron los primeros programas de reportaje y notas periodísticas sobre
videoarte, que fueron, principalmente, realizados y emitidos por el canal
regional Teleantioquia.
La
Bienal provocó, a través de una convocatoria dirigida a artistas
nacionales, un impulso para la producción de videoarte en el país. Se efectuó
una nueva selección colombiana compuesta por veinticinco trabajos de trece
realizadores, muchos de los cuales exponían por primera vez públicamente sus
primeras propuestas artísticas en video. Posteriormente, diez de estas obras
fueron enviadas a Inglaterra para participar en el festival de videoarte
Channel 6, realizado en el Institute of Contemporary Arts (ICA) de
Londres en diciembre de 1986. Esta fue la primera presencia de importancia del
videoarte colombiano en Europa.
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Por otro
lado, desde 1987, se propusieron exhibiciones en espacios no precisamente
artísticos como la Muestra de videoartes; una semana de programación
dedicada a esta forma artística con obras internacionales, curada y presentada
por Gilles Charalambos, en la Cinemateca Distrital de
Bogotá. Este
mismo año, María Teresa Hincapié, actriz de teatro quien comenzó en aquel
período a incursionar en la performancia, y José Alejandro Restrepo;
presentaron, en el Teatro La Candelaria de Bogotá, un evento significativo para
el género video performancístico en el país: Parquedades - Escenas de Parque
para una Actriz, Video y Música. Obra que al implementar acción en vivo y
video, demostraba potencialidades que, posteriormente, fueron pocas veces
desarrolladas por otros artistas. |
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Por
primera vez, un videoarte nacional realizado para televisión fue transmitido por
la T.V. colombiana, se trataba de Personalmente TVideo (1985), de Gilles
Charalambos y Pablo Ramírez. Esta obra, que realizaba una reflexión sobre la
televisión desde el punto de vista del videoarte, fue emitida por la Cadena
3 de televisión cultural. Cabe resaltar que Personalmente TVideo ha
sido uno de los pocos casos de utilización específica de la televisión como
forma artística en el país; los artistas colombianos parecían desconocer un
fenómeno evidentemente omnipresente, como es la televisión, y no se ocupaban de
ella creativamente. Este programa fue, lacónicamente, comentado como una
curiosidad, en la Tele Revista del diario El Espectador de Bogotá.
De igual
forma, un primer programa temático dedicado al videoarte fue emitido en Una
Mirada A Francia, programa de variedades culturales de la Embajada de
Francia que se realizaba, semanalmente, para la tercera cadena de televisión
nacional. Este especial comprendía apariciones de Nils Lindhal, profesor de
Facultad de Comunicación Social de la Universidad Javeriana de Bogotá y del
artista Gilles Charalambos, quienes, a través de efectos videográficos
comentaban conceptos generales sobre el videoarte, los cuales eran ilustrados
con extractos de diferentes obras francesas.
En el
XXXI Salón Anual de Artistas Colombianos en 1987, volveríamos a encontrar
videoarte con la presencia de dos autores: José Alejandro Restrepo, quién desde
entonces es uno de los pocos artistas colombianos dedicado al video, constante y
consistentemente; así como el antioqueño Javier Cruz, quien se convertía en uno
de los videoartistas más activos hacia el final de los años ochenta, con
trabajos, principalmente, realizados videográficamente por computador. Javier
Cruz también crearía en este mismo año una video escultura, primera obra con
video en ser concebida y exhibida para espacio público (en un jardín botánico),
en la Primera Muestra Nacional de Artes Plásticas – En Plástico de
Medellín. Frustradamente, a partir de comienzo de los años noventa, su
interesante obra decaería al alejarse del contexto artístico y tampoco
reanudaría sus realizaciones videoartísticas.
En 1988,
una de las primeras manifestaciones, realizadas en Cali, en incluir videoarte
fue la Muestra de Video Alternativo
organizada en la Universidad del Valle con la coordinación del
cineclubista Julián Tenorio. Esta fue una muestra de video independiente que
intentó ofrecer un panorama representativo de la producción videográfica en
Latinoamérica, así como una selección de obras de realizadores caleños
aficionados. En paralelo, complementando esta exhibición, se realizó el
Primer Encuentro de Videastas Caleños, en el cual se discutió acerca de
la función social del video, y un taller de Video Creación, a cargo del
videoartista Gilles Charalambos, que tuvo como fin enseñar las bases técnicas en
la práctica del video experimental. En el Conservatorio de esta ciudad también
empezaron los primeros cursos, en forma de talleres creativos, dictados por José
Alejandro Restrepo; pero este primordial interés, desgraciadamente, no
subsistiría en Cali, durante la década de los noventa.
Cali era
una ciudad donde había florecido una pujante cultura cinéfila, pero que se había
retrasado en el uso creativo del video; simplemente se desconocía al videoarte y
sólo razones de producción económica parecían justificar allí, la recién
implementación del video.
Entretanto, en esta
ciudad se llevaría a cabo una de las primeras exposiciones en incluir videoarte
colombiano, en contexto de galería comercial de arte: Nuevas Tendencias
en la Galería Ventana, con obras de los artistas bogotanos Marta Calderón y José
Alejandro Restrepo. Por supuesto, los trabajos no fueron vendidos (tampoco
tenían esta intencionalidad); el carácter inmaterial del video, así como su
reproducibilidad, son, probablemente, las principales razones tecno-económicas
para que encontremos muy pocos casos subsecuentes de exhibición videoartística
en este ámbito.
Eventualmente,
con la II Bienal de Video
del Museo de
Arte Moderno de Medellín, el videoarte parecía haber encontrado un espacio
propio para su apreciación en Colombia. Esta muestra internacional de video
experimental, documental y argumental; reunía un número considerable de videos,
provenientes de 18 países de Asia, Europa y América. En paralelo a la
exhibición, se llevaron a cabo talleres teóricos y de realización a cargo de
Patrick Prado (Francia), John
Orentlicher (Estados Unidos), Marc Paradis (Canadá) y Va Wolf (Alemania). La selección colombiana era
desigual, ya que las curadurías no eran todavía conformadas por personas
suficientemente conocedoras del videoarte; sin embargo, era posible apreciar
ciertas calidades, en algunos de estos trabajos, que auguraban un futuro
promisorio para las obras en video colombianas, aunque no recibieran la atención
de los críticos de arte para una difusión más amplia en nuestro contexto.
Los
medios masivos en Medellín difundieron el evento, localmente, con reseñas sin
profundización, ejemplificadas tanto por reportajes televisivos donde se
incluían algunos extractos de obras, como por escuetas noticias en los distintos
periódicos de la ciudad. Uno de los pocos artículos de cierto interés fue el
titulado Perdido en los videos - ¡solo
siéntese y mire!, escrito por José Gabriel Baena en el semanal El Mundo
de Medellín. Esta bienal internacional seguía siendo, soberbiamente,
ignorada por el medio artístico colombiano.
Durante
este mismo año en Bogotá, también se intentó producir un evento de importancia
internacional alrededor del video; en el Museo de Arte Moderno se expuso
Flavio - Festival Latinoamericano de Video. La selección de videoartes
procedía, en su mayoría, de la que se había presentado en la II Bienal de Video de Medellín; por lo menos, era
una oportunidad para apreciar algunas de estas obras en la capital. Este
festival se constituía con posibilidades prometedoras, pero la desorientada
organización y el poco interés de la institución frustraron la continuidad de
este proyecto.
La Muestra de Videoarte Británico, que se llevó a cabo en el Consejo
Británico de Bogotá, representó una valiosa oportunidad para acercarse a la
producción europea. Esta selección estaba integrada tanto por trabajos
históricos, como por obras actuales, entre los cuales se destacaban los de
género Scratch o video pirateos. La programación contó además, con
la participación de Gilles Charalambos, quien dictó una
conferencia sobre el tema.
Desafortunadamente, no volvió a repetirse en el país una representación de
videoarte inglés tan amplia como esta.
De igual
manera, se presentaron las primeras manifestaciones de videoarte en distintas
ciudades colombianas, las cuales nunca habían tenido oportunidades para su
apreciación ni creación. El Centro Colombo Americano organizó la itinerancia de
III American Art Students 1988 - The School of the Art Institute of
Chicago, una muestra de arte estudiantil que incluía varios videos; estos
trabajos también pudieron apreciarse en el Museo de Arte Moderno de Cartagena
(MAMC) y en el Centro Colombo Americano de Cali y Bucaramanga.
Desde sus inicios, se puede observar una centralización del fenómeno
del videoarte en Colombia, las ciudades de Bogotá y Medellín acaparan casi todas
sus manifestaciones. Ni las instituciones nacionales ni los distintos centros
regionales, gestionaron políticas y proyectos suficientes para el impulso de
esta forma de arte. Sin embargo, pueden notarse, condiciones similares para
buena parte de otras actividades artísticas, provocadas, básicamente, por
políticas y desarrollos culturales, patentemente, extraviados en la problemática
realidad nacional.
Aparte de
este centralismo, que ha embargado una presencia nacional en ciudades pequeñas o
de provincia, la poca información y divulgación sobre estas exposiciones
hicieron que el público asistente tuviese un bajo nivel de apreciación,
principalmente, por la falta de complementos explicativos y
críticos.
Por
ejemplo, uno de los pocos casos de exhibición propiciados en provincia, tuvo
lugar en la aislada ciudad de Popayán, en 1988, fecha en la que se presentó una
primera creación y exposición local de videoarte. El II Salón Septiembre
de la Casa Museo Mosquera, incluyó Escenarios de un Diálogo, videoarte
con un fuerte tono poético expresionista de José Manuel Valdés y Oscar Eduardo
Potes.
Otro
suceso subrayable, fue la presentación en el Festival Iberoamericano de
Teatro en Bogotá del grupo canadiense Carbono 14 con la obra
Hamlet Machine de Heiner Muller, donde se implementaba experimentalmente
el video tanto en circuito cerrado como en pregrabaciones. Sólo a partir de
mediados de los años noventa, se encontrarían relevantes usos teatrales del
video en obras colombianas; aquí no podemos tener en cuenta al
tele-teatro nacional, anclado en convencionalismos e insuficiencias
evidentes.
Durante
el año de 1989, diferentes intentos de recopilar y exponer trabajos en video
como el Festival Internacional de Video
Alternativo en la Cinemateca del Valle de Cali, o el 1er Salón Colombiano de Video-Arte
en el Centro Colombo
Americano de Bogotá; no trataron de promover la competencia o de mostrar lo
mejor en calidad, tema ni técnica; simplemente, se centraban en presentar
trabajos independientes, de cualquier género, realizados en video, sin importar
sus intencionalidades artísticas. Los resultados eran desiguales y se prestaban
a gran confusión en su apreciación, tanto conceptual como formal, ya que estos
trabajos heterogéneos no eran presentados, adecuadamente, en sus propios
contextos. Este tipo de exposiciones indefinidas, no tuvo continuidad en ámbitos
artísticos y apenas aparecerían entremezcladas, en ulteriores muestras de cine
joven o independiente.
Las obras
realizadas en video empezaron a ser aceptadas, y cada vez con mayor presencia, en varios eventos
artísticos de importancia, como por ejemplo, en el Salón Arturo Rabinovich del Museo de
Arte Moderno de Medellín, destancándose 35, videoarte en animación de Mauricio
Cuartas y Fabio Franco; o en el II Salón
de Arte Joven Marta Traba del Museo de Arte Moderno La Tertulia de Cali,
distinguiéndose X, videoarte de Gilles Charalambos, trabajo que, además
sería escogido, como una de las diez mejores obras de arte colombiano de los
años ochenta, en la revista Gaceta de Colcultura.
También
se presentaron, por primera vez, curadurías de instituciones estatales que
tuvieron en cuenta al videoarte para exposiciones internacionales como sucedió
en Colombia - Mes Iberoamericano
en el Centro Cultural del Instituto de
Cooperación Iberoamericana (ICI) de Buenos Aires, Argentina; donde la muestra
de Cinco Videastas Colombianos comprendía también videoartes de Omaira
Abadía y Gilles Charalambos.
En el
Centro Colombo Americano de Bogotá, se realizó Orestiada una exposición
individual de José Alejandro Restrepo en la que presentaba una obra que giraba
alrededor de Oreste Sindicci, compositor del himno nacional, y comportaba
metafóricamente, ideas sobre deterioro de la nacionalidad, a través de
naturaleza y tiempo, con el mito como función creadora. Fue una destacada video
instalación que induciría un inédito interés, por parte, tanto de instituciones
como de diversos artistas, hacia esta forma de arte.
A
propósito de esta exposición, uno de los escasos comentarios críticos serios
sobre videoarte y referente a una obra en particular, fue escrito por la
curadora Carolina Ponce de León; con el título de Sincronía de sentidos,
se publicó en el periódico El Espectador de Bogotá. Por su parte, en el
periódico El Tiempo de Bogotá, el crítico José Hernán Aguilar hacía algunas observaciones respecto al
video como género específico, refiriéndose a las obras expuestas en el II
Salón de Arte Joven Marta Traba del Museo de Arte Moderno La
Tertulia, de Cali; donde X, videoarte pornográfico de Gilles Charalambos,
fue exhibido.
En el año
de 1989, se gozó de una notable muestra de videoarte internacional con la
retrospectiva de obras provenientes de Alemania Federal, proyectadas en el
Instituto Goethe de Bogotá. Esta fue una substancial exposición, debido a
las calidades de las obras y al catálogo explicativo -editado en español-, que
fue distribuido durante el evento. El Instituto Goethe, como centro cultural, se
iría convirtiendo, durante la década de los noventa, en uno de los principales
organismos internacionales para la promoción del videoarte en Colombia.
A partir
de este año, el videoarte entra, definitivamente, a ser considerado en
diferentes programas universitarios; por ejemplo, en el seminario-taller dictado
por Fernando Ramírez y Gilles Charalambos en la Facultad de Comunicación Social
de la Universidad Javeriana de Bogotá. Así mismo, aparecían cursos que tocaban
al videoarte en otros contextos, como por ejemplo en el Centro de Diseño –
Taller 5 de Bogotá, donde la profesora Malena Cepeda proponía algunas bases para
prácticas creativas con video.
Desde
1989, y de manera ininterrumpida hasta hoy, en el Departamento de Bellas Artes
de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, se ofrece el curso electivo de
Videoarte – apreciación dictado por Gilles Charalambos, en el cual se
revisan, genéricamente, y se analizan, contextualmente, gran cantidad de obras
internacionales; las cuales han podido ser descubiertas por numerosos
estudiantes. Allí, también, se formaron videoartistas dedicados, como Santiago
Echeverry y Andrés Burbano.
Sin embargo, el videoarte padecía de tal incomprensión que impedía su
reconocimiento en los ambientes artísticos nacionales: eran evidentes las
imprecisiones sobre sus posibilidades y especificidades estéticas, las áridas
polémicas sobre la diferencia y calidad de los soportes con respecto a lo
cinematográfico, y una inmarcesible necesidad de definición básica, en respuesta
a la pregunta “¿Qué es videoarte?”. Ante los confundidos e incompetentes
“periodistas culturales” de los medios masivos, se sumaba la ausencia de
reflexión, de los críticos de arte y de cine alrededor de sus realidades o
problemáticas.
Aún
así, continuaron sus pruebas de vitalidad: a comienzos de 1990 se ofreció una
buena ocasión para la apreciación de obras internacionales con una selección de
Videoarte Suizo, curada y presentada por Edgar Acevedo, artista
colombiano residente en Suiza. Esta muestra, que tuvo lugar en el Museo de Arte
de la Universidad Nacional en Bogotá también fue una oportunidad (que no se ha
repetido), para introducir al videoarte a una concurrencia universitaria que no
tenía acceso a muestras de videoarte internacional.
Así
mismo, en aquel año se presentaron en diferentes salas de cine, dentro del marco
del VII Festival de Cine de Bogotá,
algunos videoartes acompañados por
breves introducciones, a cargo de Omaira
Abadía, Germán Cubillos y
Gilles Charalambos; de igual manera, se contó con la visita del reconocido
artista norteamericano John Sanborn, quien presentó su obra. Este caso de
exhibición de videoartes, en un festival de cine representó cierto
reconocimiento del fenómeno, pero debido a la desorganización y a la
desorientada “curaduría” (carente de visión hacia el desarrollo del arte
cinematográfico contemporáneo), en este evento anual, se perdió otra ocasión
(que tampoco se ha vuelto a dar), para el acercamiento entre el público cinéfilo
y el videoarte.
También
en 1990, la III Bienal Internacional de
Video MAMM en Medellín se produjo
como una gran muestra
internacional de video experimental, documental y argumental; que buscó mostrar,
a través de la participación de más de 200 videos, provenientes de 20 países de
Asia, Europa y América; un panorama general sobre la producción de video
creación. En paralelo al evento, se realizaron talleres teóricos de realización,
que giraban en torno al tema de la creación por computador y a la relación del
video con los medios de comunicación; dictados por Carlos Echeverry (Colombia),
Raúl Marroquín (Holanda - Colombia), René Coehlo (Holanda), Enrique Fontanilles
(Suiza) y Rafael Franca (Brasil). Esta importante bienal ya no se dedicaba,
únicamente, al videoarte y su tendencia, aunque prometedora, redujo en
apreciaciones difusas a trabajos videográficos de calidades desiguales
presentados en un inadecuado contexto artístico.
Algunos comentarios fueron sintetizados en
el artículo Una Mirada Crítica a la III
Bienal de Video del MAMM - Los Ojos Vendados, publicado en el periódico
El Mundo de Medellín; se destacaban, entre otros aspectos: la falta de
asistencia del público, la ausencia de rigor en los criterios de selección, la
escasa información técnica y conceptual acerca de las obras, así como el
silencio de la crítica.
Por otro
lado, y en cuanto a la televisión se refiere, Una Mirada a Francia
producido por la Embajada de Francia y transmitido, semanalmente, para la región
centro del país por la Cadena 3 (televisión cultural) de Inravisión; fue
(y sería) el único programa constante de T.V. colombiana, donde podía
encontrarse una sección consagrada al videoarte. En el período comprendido entre
1989 y 1995, Una Mirada a Francia contó con la colaboración y dirección
del videoartista Santiago Echeverry, quien pudo incluir, en segmentos o
completamente, innumerables obras francesas, así como algunas colombianas. Esta
tarea difusora fue excepcional para la divulgación del videoarte, a través de
dicho medio masivo. En 1990, se realizó un especial dedicado, íntegramente, al
videoarte con Gilles Charalambos, quien también presentó apartes de sus
obras.
En
Bogotá, un primer signo para la apreciación del trabajo sonoro en obras
videográficas se dio en el programa Música Electroacústica, presentado en la Sala Tayrona del
Centro Colombo Americano. Allí, participaron los artistas Omaira Abadía con su
video performancia Rostro de
Cariátide y Gilles Charalambos con su videoarte Avalancha desde la Edad
de Piedra, que implementaron elementos videográficos dentro de piezas
sonoras. Este ciclo de música actual, trataba de incluir el audiovisual
electrónico como parte integral de ciertas composiciones musicales; el contacto
entre música contemporánea y videoarte no se volvería a presentar en el país,
sino muy tardíamente, y en insuficientes ocasiones, hacia finales de esta
década.
Hacia
1991, la situación social en el país seguía complicándose: violentas arremetidas
del narcotráfico fueron una justificación más para la menguada organización de
eventos alrededor del videoarte. Sin embargo, el video comenzaba a descubrirse
como una solución técnica a la expresión cinematográfica. De esta manera, una
notable presencia de producción independiente en video se dio en Medellín con
el Primer Festival de Video-Arte Al Margen,
presentado en la Biblioteca Pública Piloto. Esta era una exposición colectiva,
esencialmente estudiantil, conformada por trabajos creativos pertenecientes a
los talleres de video coordinados por el videasta antioqueño John Jairo
Restrepo, en la Universidad Nacional de Colombia en Medellín, la Universidad de
Antioquia y el ASSTI.
Otro
evento de características semejantes fue Muestre a Ver - I Muestra Nacional de Cine
de Alcantarilla y otros Videoductos, en el Teatro Popular de Bogotá. El
patrocinio estatal de la Compañía de Fomento Cinematográfico FOCINE, que apenas
comenzaba a reconocer las potencialidades del video para la producción
cinematográfica en Colombia, promovía al “hermano menor” electrónico, en
términos generales, como una alternativa económica en los primeros pasos para
llegar a trabajos convencionales, principalmente, narrativos o documentales.
Debido a la difusión oficial y la publicidad en medios masivos, esta muestra
gozó de nutrida participación; allí se exhibieron toda clase de trabajos en
video, la mayoría, primeros intentos que nunca habían sido mostrados
públicamente, pero también incluía, como relleno en la programación, una
selección de videoartes internacionales que habían sido mostrados en la
Bienal Internacional de Video del Museo de Arte Moderno de Medellín.
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Unas
pocas exposiciones mostraron obras videoartísticas, como por ejemplo, el
XI Salón Arturo y Rebeca Rabinovich del Museo de Arte Moderno de Medellín
donde participaban los videoartes Piel
Pisada, de Ana Claudia Múnera y
Mecanis, de Mauricio
Cuartas. Así mismo
modo, y de manera aislada, en Bogotá durante la Feria Compuexpo en Corferias se presentó Computacción, video performancia de
María Teresa Hincapié, José Alejandro Restrepo y Gilles Charalambos; ésta era
una obra realizada en grupo que empleaba el computador como soporte para
tratamientos de video en vivo. Durante tres días, el público que asistía
normalmente a esta feria tecnológica, se topaba con desacostumbradas acciones
críticas y experimentales que no parecían corresponder a este ámbito de
exposición; el videoarte en Colombia despuntaba como arte digital y con el auge
de las tecnologías de computación, todavía no tan populares en el país, esta
forma de arte se consideraba como una atractiva curiosidad de utilización
novedosa. |
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Para la
exposición universal Expo-Sevilla 92
en España, el Ministerio de Relaciones
Exteriores de Colombia decidió encargar e incluir una obra que reflejara el
adelanto tecnológico y científico nacional, a través de un cierto “modernismo”
artístico. Así, pues, se presentó Megadiversidad + Tecnociencia =
Colombia, una video instalación de Roberto Sarmiento y Gilles Charalambos,
donde se implementaban minimonitores, observados por microscopios adaptados,
desde los cuales se podían contemplar varios proyectos científicos colombianos
desde un punto de vista videoartístico.
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Durante
el año de 1992 se presentó una primera tentativa de exposición e intercambio
videoartístico internacional con Colombia, promocionada por el Ministerio de
Relaciones Extranjeras de Francia, a través de su embajada en Bogotá. Se
trataba de una política cultural para el desarrollo artístico del audiovisual
electrónico, que ya había sido ensayada con éxito en varios países, entre ellos,
Chile, donde ya se habían realizado 11 ediciones anuales del Festival Franco-Chileno de Videoarte.
De esta manera, siguiendo este
ejemplo y como continuación y extensión de este festival, se dio paso a
Video Arte 92, 1ª Muestra
Franco-Colombiana. Este evento, llevado a cabo en la Biblioteca Luis Ángel Arango de
Bogotá, contó con la participación de numerosas obras francesas y de los
trabajos de diez videoartistas colombianos, entre los que habían figuras nuevas
y otras de trayectoria. Este festival fue el primer tanteo en el país para los
ulteriores Festivales Franco Latinoamericanos de videoarte, de
importancia continental. |
|
La IV Bienal
Internacional de Video MAMM no tuvo el mismo
nivel de calidad que las primeras versiones habían ofrecido. Menos participación
de obras internacionales, confusión entre videoartes y todo tipo de trabajos en
video, que incluían sobre todo videos publicitarios y otros comerciales o
institucionales, le hicieron perder su brújula temática. Este gran evento
también sufrió por problemas coyunturales al interior del Museo de Arte Moderno
de Medellín, principalmente, de tipo económico que sumados a las acciones
violentas cometidas contra su sede, no le permitieron tener una continuidad
futura; definitivamente perdido su impulso inicial, ésta fue la última versión de esta vital
muestra. |
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Afortunadamente, el
I Festival Franco Latinoamericano de
Video Arte vino a suplir esta carencia. Al fin, en la capital colombiana se podía
dar cuenta, del estado actual del videoarte latinoamericano, a través de
muestras curadas y seleccionadas en cada país participante. Un amplio panorama de las últimas obras, así
como encuentros entre artistas y curadores, generaron un valioso espacio
de diálogo e intercambio para el videoarte entre Francia y el conjunto de los
países latinoamericanos. Este festival
se realizó, simultáneamente, en cada una de las capitales de las naciones
representadas: Argentina, Chile, Uruguay, Colombia y Francia;
convirtiéndose, así, en una de las más trascendentales exposiciones
internacionales a nivel suramericano.
Dicho evento, se exhibió en la Biblioteca Luis Ángel Arango de
Bogotá, la cual había prestado sus instalaciones. La selección se realizó, a
través de una convocatoria nacional que tuvo buena divulgación y concurrencia.
El festival provocó un indudable interés en nuevas generaciones de artistas,
señalando una fresca etapa de atención primordial hacia el videoarte colombiano.
Debutaron los primeros videoartes de realizadores colombianos como Ana María
Krohne, Álvaro Moreno y Harol Trompetero, quienes, a la postre, se desarrollaron
como videastas en distintas condiciones: comercial, documental y
televisiva.
Aparentemente, una
continua renovación en las nuevas generaciones de realizadores, daba la
impresión de un desarrollo e incremento de videoartistas. La mayoría probaba, en
una única oportunidad sus capacidades, otros tenían al video como alternativa
técnica para su obra; pero, era muy notorio el que se extinguieran,
prematuramente, muchas vocaciones. Dificultades, principalmente, económicas, no
permitían sostener un interés constante hacia la realización de videoartes; los
potenciales autores se tenían que consagrar a actividades mas rentables. Sólo
unos cuantos de ellos, con algo de experiencia, podían llevar a cabo trabajos
paralelos como los de la docencia, que, de alguna manera, se vinculaban con el
videoarte. Realmente, siguen siendo muy raros, en Colombia, los videoartistas
dedicados exclusivamente a la realización; el concepto de “profesión”,
difícilmente, cabe ahí.
En lo
comercial, para un sostenimiento económico basado en la producción de
videoartes, se puede advertir que no existen colecciones privadas de obras
videoartísticas colombianas y muy pocos trabajos han sido comprados o encargados
por instituciones, museos o galerías (unos cuantos de José Alejandro Restrepo o
de Gilles Charalambos). Los premios, que otorgan ciertas cantidades de dinero,
realmente, no han sido obtenidos sino por muy contados videoartistas (por
ejemplo, más recientemente: Rolf Abderhalden, José Alejandro Restrepo o Ana
Claudia Múnera) y, casi siempre, en la modalidad de video instalación, en
exposiciones de arte oficial.
También,
han escaseado también las becas de creación o los subsidios y apoyos a la
producción; la T.V. no ha financiado ni apoyado a las realizaciones de
videoarte, y sólo algunas universidades, conscientemente, han prestado en
algunas ocaciones, equipos o estudios. Tanto para ediciones, así como para
instalaciones, la producción ha corrido por cuenta de los mismos artistas,
quienes, con aprietos, invierten también dinero en la materialización de sus
propias obras.
Con el
apoyo del Instituto Goethe de Bogotá, en este mismo año, se intentó generar un
espacio de encuentro que pretendía familiarizar al público con este tipo de
trabajos experimentales. La Pantalla Humboldt era organizada por el grupo
Expresión V, que contaba con la videasta Omaira Abadía, y aspiraba a
programar, semanalmente, en dicho instituto, muestras de video creación.
Principalmente, por su cerrada convocatoria e inadecuada difusión, esta
viabilidad no fructificó.
En aquél año se dio un singular caso de
confrontación conceptual en un medio público, entre un crítico de arte y dos
videoartistas. El artículo Peter Pan al Ataque, escrito por José Hernán Aguilar, en
su columna de crítica de arte del periódico El Tiempo de Bogotá, presentaba
agudas opiniones e impugnaciones sobre los trabajos mostrados en la 1ª Muestra Franco-Colombiana de
video arte y cuestionaba
el nivel artístico y contextual de los videos colombianos.
Una semana después y en este mismo diario,
José Alejandro Restrepo y Gilles Charalambos escribieron, en respuesta a dicho
artículo, El Capitán Garfio También es
Tuerto, un artículo en el
que los dos videoartistas sentaban su posición, redimensionaban y replicaban,
punto por punto, las afirmaciones sostenidas, anteriormente, por José Hernán
Aguilar.
En 1993,
una representación internacional se dio en Ginebra, Suiza, donde las
distribuidoras Aphone y Gen Lock organizaron la muestra Art
Vidéo: Argentine – Brésil – Chili – Colombie. En este contexto de
videoarte latinoamericano en Europa, una pequeña selección de recientes obras
colombianas pudo ser apreciada, por vez primera, en Suiza.
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Así
mismo, como ocasión de avanzada del videoarte colombiano en Asia, en la
Taejon ‘93 en Seúl, Corea, una gigantesca exposición de tecnología,
ciencia y arte; se exhibió la obra Mega + Diversidad, video instalación
de Roberto Sarmiento y Gilles Charalambos, en el pabellón de Colombia. Este
trabajo, realizado con recursos considerables, incluía proyecciones bajo el
agua, una cantidad de monitores en distintas disposiciones y un telescopio para
observar el video a distancia. En el
ámbito nacional, en Medellín el uso del video se afianzaba; el evento Lluvia
de videos - Primera Muestra y Encuentro de Realizadores Antioqueños mostraba
videos de todo género, con una abundante selección de videoartes producidos en
esta región. También en esta ciudad, el VI Salón Regional de Artistas
incluía algunas interesantes video instalaciones como Brutalmente
Agredida, del veterano artista Carlos Echeverry, y Mmm...M... de Ana
Claudia Múnera, la cual obtuvo el premio principal. El Centro Colombo Americano
organizaba la exposición De este Lado del Río, relevante instalación con
video de Juan Luis Mesa, que involucraba la ciudad y sus comunidades con el río
Medellín. Mientras tanto, en Cali, el Museo de Arte Moderno La Tertulia exponía
Anaconda, video instalación de José Alejandro Restrepo.
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En
Bogotá, el II Festival Franco Latinoamericano de Video Arte volvía a
constituirse como la manifestación videoartística más importante en el país. La
cantidad y calidad de las obras, provenientes de realidades continentales
comparables; el interés e incentivo, en cuanto el evento gozaba de amplia
difusión, para estimular la creación nacional; la oportunidad privilegiada, como
punto de encuentro y confrontación de ideas alrededor de sus distintas
experiencias; así como, la curiosidad y entusiasmo que despertaba en nuevas
generaciones, hacían imprescindible este festival para inquirir sobre
potencialidades y necesidades del video, en un medio artístico local que, sólo
recientemente, empezaba a llenar vacíos dentro de la actualización y conciencia
de sus progresos.
Para esta
versión, en Bogotá, el artista francés Michael Gaumnitz presentó una selección
de sus obras y dio algunas charlas sobre video digital; fue una de las primeras
oportunidades ofrecidas por un artista extranjero, en el país, para el
entendimiento y precisión de su práctica en el, aquel entonces, todavía
naciente, soporte computarizado.
Como
nunca antes, la divulgación en los medios masivos de comunicación, televisión y
prensa, relativamente, permitió una amplia resonancia informativa sobre el
acontecer videoartístico en Colombia.
Aparte de
las propiedades técnicas de su soporte, idóneas para la transmisión televisiva,
y, principalmente, por sus características de copiado y transporte, el video
goza de numerosas facilidades para su distribución; estas ventajas materiales
han hecho posible que, muestras de videoarte colombiano, hayan sido exhibidas en
gran cantidad de países. Incluso muchos realizadores nacionales, que jamás
habían expuesto en contexto artístico, precipitadamente, tuvieron acceso a
“vitrinas” internacionales.
Aún así,
en Colombia no existen ni se activan todavía, circuitos especializados de
difusión; tampoco se han creado asociaciones, de artistas o entidades afines,
para la circulación, a nivel independiente, de las obras videoartísticas
nacionales.
En todo
caso, a partir de aquellos años, la distribución del videoarte colombiano toma
una fuerza inusitada, impulsada por exposiciones internacionales, en las cuales
la novedad de las artes electrónicas domina.
Por
ejemplo, en 1994 una notable presencia del videoarte colombiano se registró en
el Consulado General de Argentina y
el Colombian Center de Nueva York: bajo el título de Scars ? Pleasure +
Sacrifice se expusieron
cintas de videoarte y video instalaciones de Argentina y Colombia. Su objetivo
fue dar a conocer al público estadounidense algunas de las obras más destacadas
en estos géneros, producidas por realizadores de ambos países. Así mismo, una
selección de los trabajos fue transmitida a través de CUNY-T.V., el canal
cultural de televisión de la Universidad de Nueva York. En paralelo al evento,
se desarrolló un simposio en el que se pretendía evaluar las tendencias del
videoarte en Argentina y Colombia, frente al desarrollo de este medio en otros
países. El representante de Colombia fue Gabriel Ossa, quien no era videoartista
ni conocía suficientemente esta forma de arte, demostrando una falta de enfoque
apropiado en la curaduría de este evento.
De la
misma manera, en el 10º Videobrasil: Festival Internacional de Arte
Electrónico de São Paulo, se
mostraron videoartes colombianos por primera vez. Dichas obras, empezaban a ser reconocidas en el
Brasil, en una de las más sobresalientes manifestaciones mundiales de esta forma
artística.
Entretanto en el
país, el Salón Nacional de Artistas se había establecido como uno de los
pocos espacios de exposición asequibles para muchos jóvenes artistas; allí se
representaba buena parte del panorama actual de las artes visuales del país. En
el XXXV Salón Nacional de Artistas, llevado a cabo en Corferias en
Bogotá, con una nutrida participación de video instalaciones, se comprobaba una
representación considerable de esta forma artística. La video instalación había
sabido ocupar papeles protagónicos en el ámbito artístico colombiano; aun así,
ni los montajes, desacomodados por las curadurías, ni las críticas que parecían
no entender el fenómeno, alcanzaban para darle relevancia a obras que
demostraban indudables calidades.
Algo
semejante sucedía en eventos como la IV
Bienal de Arte de Bogotá del Museo de Arte de Bogotá, donde la video instalación
titulada Anima, de Ana Claudia
Múnera, obtuvo el premio principal. Esta artista antioqueña, a partir de
comienzos de los noventas, ya era una de las más activas en el campo de la video
instalación con numerosas exposiciones, tanto en el país como en el exterior.
Una de
las pocas retrospectivas dedicadas a la obra de un videoartista colombiano se
llevó a cabo en el Centro Colombo Americano de Medellín; Video-Arte,
Video-Experimental, Video-Libertad! fue una revisión del trabajo del
videasta antioqueño John Jairo Restrepo. Este realizador se había convertido en
uno de los más dinámicos “quijotes” del videoarte en Medellín, pero quizás era
un poco forzada y prematura esta muestra de una obra que todavía no poseía
cualidades, ni cantidades suficientes, para poder ser apreciada,
significativamente, de esta manera.
El
III Festival Franco Latinoamericano de Video Arte seguía siendo,
en 1994, la exposición más notable en Colombia. En su tercera versión, el
conjunto de las obras presentadas y los encuentros entre artistas, así como con
algunos críticos internacionales; hacían cardinal este evento para el despliegue
del videoarte latinoamericano. Convocaba a un número cada vez mayor de
participantes y el incentivo que representaba el ser exhibido, a esta escala
internacional, seguía motivando buena parte de la producción colombiana de este
período.
|
En
el marco de este evento, sería presentada por primera vez la obra de Andrés
Burbano, quien desde la mitad de los años noventa se dedicaría al videoarte; y
el trabajo de Miguel Urrutia
Histeria de Amor, una animación tridimensional, de muy buena
factura, realizada por computador, la cual ganaría un importante premio
internacional en la prestigiosa muestra Imagina en Francia. Con
motivo de este festival, varias emisiones de T.V. fueron dedicadas al videoarte
colombiano. Dirigido por Marta Lucía Vélez, Video-ap-arte fue un
esclarecedor y ágil programa, en el que Gabriela Häbich, Santiago Echeverry,
Miguel Urrutia, Harol Trompetero, José A. Restrepo y Gilles Charalambos;
exponían sus ideas y posiciones sobre las distintas maneras de entender y
practicar el videoarte. Del mismo modo, Tiempo Libre era transmitido por
el Canal 3 y producido por Colcultura. Dirigido por Elvia Mejía, éste ya era uno
de los mejores programas sobre arte realizados en toda la historia de la T.V.
colombiana. Sus recursividades en el manejo del diseño audiovisual y la
expresión videográfica; sus pautas temáticas, expuestas a través de plurales
puntos de vista; así como, el interés que manifestaban por el arte joven y de
nuevas tendencias; hacían excepcionales estas presentaciones de arte por
televisión. En Tiempo Libre, se presentaron en varias ocasiones,
entrevistas y segmentos de obras videoartísticas.
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No
obstante, todavía fallando en la comunicación y acercamiento hacia un más amplio
público, el videoarte seguía manifestándose en un circuito restringido y, hasta
cierto punto, elitista; confinado y anquilosado en lo museográfico.
En cuanto
a la asistencia a las exposiciones de videoarte, se constataba una afluencia
relativa y, no precisamente, asidua de entendidos sobre la materia. El público
más interesado, estaba
conformado, básicamente, por estudiantes; los artistas y cinéfilos fueron los
principales ausentes en estas manifestaciones, a pesar de que la mayoría de
éstas, contaban con una amplia divulgación en periódicos y otros medios de
comunicación masiva.
Por
otro lado, pocas incidencias fueron notorias en la T.V., y éstas eran,
principalmente, de retardada asimilación formal. Algunos videoclips de música
popular colombiana, así como tratamientos de efectos electrónicos en la
publicidad o en los genéricos de presentación de diferentes programas, podían
evidenciar un aporte que pasaba inconscientemente por telespectadores ya muy
acostumbrados a las imágenes videográficas.
En el año
94, también se dio un influyente curso de Análisis Crítico de Video
Creación, dictado en la Universidad de Los Andes de Bogotá por el profesor y
artista argentino, Jorge La Ferla. Este videoartista volvería al país, en varias
ocasiones, para contribuir con sus enseñanzas a la reflexión sobre el medio. La
Ferla también fue el editor de Videocuadernos, una de las
más importantes publicaciones dedicadas al videoarte en Sudamérica; la mayoría
de sus interesantes números, empezaron a ser distribuidos en varias bibliotecas
universitarias colombianas.
Por fin,
la institución estatal comenzó a admitir al video como categoría artística. Así,
una beca de creación financiada por Colcultura fue otorgada a Intempestivas, un proyecto realizado por los artistas
María Teresa Hincapié, José Alejandro Restrepo y Santiago Zuluaga, cuyo montaje
combinó performancia, video y música en vivo. Este tipo de asociaciones, tan
problemáticas en el país, entre artistas provenientes de diferentes áreas de
creación, fue lo que, fundamentalmente, estimuló propuestas de video
performancias que, muchas veces, exigen trabajos colectivos para presentaciones
efímeras en espacios adaptados.
En 1995,
para la I Bienal de Venecia, exposición que se llevaba a cabo en el
barrio popular Venecia del sur de Bogotá, el grupo + (conformado por Roberto Sarmiento y
Gilles Charalambos) realizó, bajo el título de T.V.necia, una
intervención y
performancia televisiva, transmitida en vivo por cable, a través de un canal de
televisión comunitaria. T.V.necia
fue, por tres días,
un canal artístico de
televisión donde, a través de diversas acciones y provocaciones, se criticaban
las obras expuestas en esta “I Bienal de
Venecia”, involucrando a diferentes estamentos del barrio.
Otra
oportunidad de exposición internacional, de obras colombianas, se produjo en
Francia, a través de Heure Exquise!, una de las principales
organizaciones dedicadas a la distribución de videoarte en Europa. Con una
selección titulada Sur del Cono Sur 2 - Art Vidéo Latino Américain, se
promovió una primera distribución catalogada, de videoarte colombiano en
Europa.
Este
mismo año, con una exposición individual, en la Galería Santa Fe del Planetario
Distrital de Bogotá, Omaira Abadía realizó una retrospectiva titulada Cronos Anárquico, que incluía fotografía
(collage-montaje), pintura, película en 16 mm (reciclado-reedición), videoarte,
video instalación y performancia.
Esta exposición individual,
permitió apreciar y, a la vez, contextualizar de alguna manera, el
trabajo de esta autora cuya trayectoria en video ya era
considerable.
En Medellín, otra videoartista presentaba
una selección de sus obras. Ana
Claudia Múnera, en la exposición Cielo Abierto en la sala de Arte de Suramericana
de Seguros, exhibió las video instalaciones Mesita, Columpio, Mataculín y Caja de Canicas; que exploraban y recreaban estados
infantiles, tomando el juego como elemento común.
El IV
Festival Franco Latinoamericano de Video Arte, al instaurarse con
continuidad, tomaba dimensiones cada vez más sobresalientes en el panorama
latinoamericano. Para en esta edición, también incluía una sustanciosa
representación brasileña. La muestra, que reunía más de cincuenta trabajos, era
la vitrina comparativa hacia perspectivas de intercambios que requería el
videoarte colombiano. Para el público y los artistas, la persistencia de este
festival demostraba la existencia de obras latinoamericanas, ya reconocibles y
apreciables en ámbitos compartidos. Bajo claridades evaluadoras frescamente
adquiridas, para muchos asistentes de este público formado, se podían perfilar
las recurrencias y estilos propios de sus creadores.
Este
festival se destacó también, por la visita del experimentado e ilustre
videoartista francés Jean Paul Fargier; la generosidad y alcance de sus aportes
conceptuales, dieron otra medida para la contribución de invitados extranjeros
en este evento.
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Otro mérito en la exhibición de este
festival pudo ser aprovechado en Medellín y Cali; su itinerancia alternativa a
estas ciudades, ofreció una circulación aún más amplia de las obras, sin la
cual, difícilmente, hubiesen podido alcanzar a estos públicos relegados. A última
hora, el arte electrónico, ya más que establecido a nivel internacional, tuvo
que ser distintamente considerado por cierta oficialidad organizativa en
Colombia. Propiciada por organismos españoles, interesados, primordialmente, en
la difusión de nuevas tecnologías, se llevó a cabo una muestra nacional de
Arte y Tecnología, en el marco de la feria Expotecnia, realizada
en Corferias, en Bogotá. Veintinueve artistas fueron invitados para presentar
obras que incorporaran herramientas “tecnológicas”, pero insuficiencias en la
curaduría no permitieron tener en cuenta trabajos, como los videoartes, que
obviamente utilizaban tecnologías electrónicas (últimamente digitales), y que
venían siendo realizados desde hacía ya varios años, por numerosos artistas
colombianos. |
La
instalación con video fue la más utilizada por la mayoría de artistas, quienes
se acercaban tanteando a esta forma. Sólo las video
instalaciones de Ana Claudia Múnera (Espejo del Alma), Carlos Echeverry (Morir de Amor) y José Alejandro
Restrepo (Quiasma); eran realizadas
por artistas con experiencia en videoarte. Sin embargo, aún
con insuficiencias tanto tecnológicas como formales, el resto de las
instalaciones con video desplegaban calidades y conceptualidades avanzadas, ya
que eran creadas por artistas con bagaje plástico y cierta madurez artística;
caso no siempre presente en los trabajos de la mayoría de los novatos autores de
videoarte en Colombia, de los cuales, embrionarios ejercicios pretenden,
ingenuamente, erigirse como arte.
Esta
exposición, a la postre, resultó cardinal para el establecimiento de la video
instalación en el panorama de las artes oficiales colombianas, ya que tenía
adquirida un status material-objetual, tácitamente “artístico”, que más
fácilmente parecía convenir a las intencionalidades tanto institucionales y
museográficas, como a las de los artistas plásticos, irresolutamente volcados
hacia las “nuevas tecnologías”.
Al
promediar los años noventa, la popularización de los medios digitales,
computadores personales y nuevos programas para la edición no lineal de video,
por fin, permitieron un acceso a avanzadas potencialidades técnicas de
realización, sin recurrir a costosos equipos profesionales; una profusión en la
producción de videos en el país, también parecía implicar al videoarte y éste
prometía reflexiones sobre el medio digital, que se expandían hacia campos de
comunicación más abiertos.
Es
así como, en el marco de los
Eventos
Especiales del V Festival
Iberoamericano de Teatro de Bogotá 96, se
realizó una programación, titulada Arte y Nuevas
Tecnologías, coordinada por
Gilles Charalambos; que incluyó, de manera precursora en el
país, una muestra artística de multimedia y video en Internet. También allí se
inauguró el primer Café Internet abierto en Colombia. Además, se
ofrecieron una serie de talleres y conferencias sobre arte en Internet, y de
utilizaciones del video en el teatro.
Cabe anotar que incluso antes de este evento, Raúl Marroquín desde
Holanda, Edgar Acevedo desde Suiza y Santiago Echeverry desde Nueva York; eran
ya pioneros de la hipermedia artística realizada por creadores colombianos e
incluían video en sus proyectos para Internet.
|
Por otro
lado, el videoarte, en el género de video instalación, obtenía una distinción
significativa en el VII Salón Regional de Artistas de Bogotá; esta
exposición que tuvo lugar en Corferias, otorgaba el primer premio a
Quiasma, video instalación de José Alejandro Restrepo. Otro galardón,
esta vez, por su video instalación Atrio
y Nave Central, le fue conferido en la V Bienal de Arte de Bogotá del Museo de
Arte Moderno de Bogotá. Como hecho indicador de la presencia del videoarte, en
esta misma exposición, participaban las instalaciones con video: Sin Título, de Leonel Galeano; Magdalena Llora, de Mario Opazo; y Sin Título, de Natalia
Restrepo. |
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Con estas
prestigiosas distinciones, José Alejandro Restrepo se convertía en uno de los
más destacados artistas colombianos de su generación y, a través suyo, el
videoarte adquiría, definitivamente, notoriedad e influencia indudables en el
arte contemporáneo nacional. Este mismo año, el programa de T.V. Tiempo
Libre dedicó una emisión completa al proceso creativo de su obra Meninas
Contradanza.
Para la
XXIII Bienal Internacional de São Paulo - Brasil, 1996, una de las más
importantes exposiciones internacionales en América Latina, el Instituto
Colombiano de Cultura (Colcultura) eligió a Restrepo para representar a
Colombia; en esta Bienal mostró su video instalación
Quiasma.
Este
mismo artista participó, internacionalmente, en un intercambio cultural con
México, llamado Por mi Raza Hablará el
Espíritu. Las exposiciones tuvieron lugar en el Museo Universitario del
Chopo (Universidad Nacional Autónoma de México) y en la Biblioteca Luis Ángel
Arango de Bogotá donde, entre los diez artistas colombianos invitados, Restrepo
figuraba con sus video instalaciones Ojo
por Diente y El Cocodrilo de Humboldt no es el Cocodrilo
de Hegel, en las cuales ya
afianzaba una estilística basada en la referencialidad historiográfica,
inspirada, visualmente, por iconografías e ilustraciones de los grabados del
siglo XIX; sus tratamientos proponían metáforas que sustentaban contundentes
reflexiones, a propósito de las razones de ciertas visiones y representaciones
sobre la crítica realidad colombiana.
De igual
manera, la artista de Medellín Ana Claudia Múnera, fue invitada por la
Künstlerhaus Dortmund (Casa de los Artistas de Dortmund, Alemania) para
participar en Inside out Outside
in, un proyecto de trabajo en
residencia que giraba alrededor de miradas diferentes sobre la ciudad de
Dortmund, y en el cual esta artista desarrolló su video instalación Voyager.
En
Bogotá, el V Festival Franco
Latinoamericano de Video Arte volvía a exponerse en las instalaciones de la
Biblioteca Luis Ángel Arango con selecciones provenientes de Argentina, Brasil,
Chile, Francia y Colombia. El invitado francés para Bogotá fue Florent
Aziosmanoff, de la organización Art 3000, quien introdujo y mostró
algunos trabajos interactivos en multimedia. En paralelo a la exposición, se
realizaron conferencias, a cargo de los curadores invitados, que abordaron el
tema del estado del video y las nuevas tecnologías en sus respectivos países.
Así mismo, se llevaron a cabo veladas y proyecciones especiales en la Galería -
Bar La Cicuta, donde se presentaban algunos de los videos participantes en la
muestra.
Un
acontecimiento destacable en esta edición del festival, y por primera vez, a
nivel de difusión, fue la transmisión vía satélite, por el canal de televisión
francófona internacional T.V.5 de parte de la selección
colombiana. Esta apertura hacia el medio masivo y su transmisión global,
seguramente, ha sido la exhibición más amplia que ha tenido el videoarte
colombiano; sin embargo, esta modalidad de exposición no ha sido atendida,
adecuadamente por parte de los realizadores, y oportunidades como ésta, tampoco
se han vuelto a dar. Por otro
lado, encuentros de videastas y distintos interesados en esta forma artística,
raramente, se habían propiciado en Colombia para discutir opiniones y plantear
alternativas de exhibición. Reuniones de representantes de diferentes
universidades para la autogestión de un festival, independiente de la tutoría de
la Embajada de Francia, dieron lugar a un esfuerzo conjunto para la producción
de una muestra complementaria al V
Festival Franco Latinoamericano de Video Arte, que incluyó trabajos
nacionales e internacionales realizados en soportes electrónicos como video,
multimedia e Internet. Kybernetes -
Encuentro de Video y Otras Corrientes Electrónicas fue un evento que tuvo
lugar en la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá. Dentro de las actividades
paralelas, se desarrollaron debates sobre las artes electrónicas y un programa
de video a la carta; en el que el público podía consultar cualquier trabajo
fuera de los horarios programados para proyección. |
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Al margen de la ausencia de reflexiones
teóricas sobre videoarte, que hacían dudar de la capacidad intelectual de los
críticos y curadores en Colombia, algunos aportes conceptuales fueron propuestos
por videoartistas: Gabriela Häbich, artista y profesora argentina
residente en el país, publicó varios artículos, entre ellos Neuropenia y Post-Video - Una Forma de la
Postmodernidad, en los cuales
planteaba diferentes posiciones sobre
los cambios estéticos que producía el video en el ámbito social.
Por su lado,
José Alejandro Restrepo ha escrito varios textos sobre aspectos referenciales en
las diferentes representaciones del medio, como por ejemplo,
Video Notas y
Fragmentos de un Video Amoroso; además de
ensayos investigativos
sobre la temática de sus obras, como Musa Paradisíaca e
Iconomía; los cuales han sido
publicados en catálogos y revistas de arte. |
En Argentina, se propició la publicación
de un libro sobre videoarte. La revolución del Video, consistía en una
recopilación de textos, escritos por varios expertos internacionales y
compilados por Jorge La Ferla y publicados por la Universidad de Buenos Aires,
en 1996. Entre ellos, se encontraba el ensayo Cierta Actividad Videólica y
Falsa, de Gilles Charalambos. Este escrito trataba al video como alterador
psicoactivo, exponiendo sus funcionamientos experimentales en el videoarte.
Posteriormente, la substancial serie de publicaciones argentinas consagradas al
videoarte se convirtió en la principal referencia bibliográfica, en lengua
castellana, y alimentó las investigaciones universitarias en nuestro país.
En 1997,
el Festival Internacional de la Imagen, en la ciudad de
Manizales, era un nuevo
espacio que prometía abrir otras perspectivas para el video. Entre otras actividades, la programación
incluía una muestra de artes electrónicas, diferentes producciones
independientes internacionales, una selección de videos culturales y
proyecciones de videos en espacio público. El videoarte estaba representado con
obras como El Traje del Nuevo
Emperador, video instalación de David Argüelles; La Máquina de Coser Mirada, video
instalación de Ana Claudia Múnera; y Fusilamientos, instalación con video de
Mario Opazo. Deplorablemente, este evento tampoco tuvo una continuidad que
permitiese un contacto más profundo con el videoarte en esta región del
país.
|
De modo similar, el I Festival Internacional de Arte - Ciudad de
Medellín fue un evento en donde se
pretendía recuperar un añorado predominio, que las pasadas Bienales de Arte Coltejer en Medellín habían adquirido en el panorama
de las “megaexposiciones” de arte internacional en Colombia. Varias video
instalaciones y obras con video participaron en representación nacional, sin
destacarse en el caos cuantitativo de este sobredimensionado Festival, el
cual, significativamente, no
aguantó las pesadas críticas para repetirse. |
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En cambio, exposiciones más modestas, pero
con apropiados criterios de selección procuraban mejores ocasiones para la
apreciación de videoarte colombiano. En Medellín, el XVII Salón Rabinovich del Museo de Arte Moderno, de nuevo ofrecía
una muestra de obras producidas por jóvenes artistas donde, evidentemente, se
manifestaban, por la cantidad y calidad de los trabajos, motivaciones
entusiastas en la utilización del video. El Premio fue concedido a la video
instalación Sin Título, de Adriana
María Duque.
|
Un galardón, más importante aún, era
otorgado por la prestigiosa institución nacional Premio Luis Caballero, a Una Jaula fue a Buscar un Pájaro,
instalación con video de Víctor Laignelet. Este experimentado artista plástico
proponía una obra donde percepción, conciencia y reflexión, sobre su propio
proceso, lograban sensibles significaciones, orientadas mediante una utilización
del video rica en asociaciones visuales. En el marco de exposición para este
premio, la Galería Santa Fe del Planetario de
Bogotá, también había presentado Emboscada, instalación con video de
Gabriel Silva y En la Punta de la Lengua, instalación con video de
Rodrigo Facundo. |
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En Bogotá, el
VIII Salón Regional de Arte, que se
exhibía en la Estación de la Sabana, volvía a señalar la presencia sobresaliente del
videoarte con obras como: Los
Radioactivos, instalación
con video de Jaime Ávila; Retratos Video, videoarte de Diego Cabrera;
Todos los Derechos Reservados, videoarte de José Gabriel Calderón;
Alegorías de la Mala Conciencia, video instalación de Luis Ricardo
Castillo; Casa Intima, instalación con video de Clemencia Echeverri;
Pasajero de una Historia Amnésica, instalación con video del Grupo QNJ ;
y Rehabitando Ruinas, video instalación de Berthele
Rodríguez.
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En el Museo de Arte Moderno de Bogotá se
exponía la video instalación Musa
Paradisíaca de José Alejandro Restrepo, quizás uno de sus trabajos mejor
logrados, en el cual la referencialidad histórica y ciertas miradas sobre la
“colombianidad”, confluían en un ambiente de plantación bananera, recreado por
una composición que comprendía una disposición de video monitores semejando
racimos frutales. Esta obra había ganado una beca de creación conferida por el
Instituto Colombiano de Cultura (Colcultura) en 1995. Como complemento de la
exposición se elaboró un apreciable catálogo que contenía el texto Musa Paradisíaca - Apuntes para una
Investigación, en el que
Restrepo explicaba el proceso de exploración teórica que fundamentaba la obra.
También en la capital, la Galería Espacio
Vacío, un proyecto independiente organizado por artistas, presentaba La Mirada Expuesta; en la cual dos trabajos con video eran
exhibidos: Camino, de Rolf
Abderhalden; y Sin Título, de Clemencia Echeverri. |
Camino fue una video instalación brillantemente resuelta,
donde espacios enfrentados de proyección e integración de diferentes elementos
materiales, ocurrentemente ubicados en el cielo raso; creaban extensiones y
distancias, acordes con motivaciones referidas a desplazamiento y trasteo. Por
su lado, Sin Título configuraba escultóricamente y en diferentes órdenes,
a través de las recomposiciones complementarias de varias proyecciones,
interrelaciones, hasta cierto punto, autobiográficas dentro de un espacio
abstraído de materialidades. Estas serias obras marcan una etapa de
afianzamiento en la implementación del medio video, en las creaciones de estos
dos artistas, que ya contaban con un rico bagaje artístico. |
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Entretanto, una emisión de T.V. era
dedicada a Omaira Abadía; Historia Debida, producido por UN T.V. de la
Universidad Nacional, era un espacio dedicado a resaltar las actividades de
diferentes docentes de esta universidad. En este programa de reportaje,
transmitido por Señal Colombia, Omaira Abadía expresaba diversos puntos de vista
sobre su labor creativa, al mismo tiempo que se ilustraban sus comentarios con
extractos de sus videos o reproducciones fotográficas.
Para 1998, en Bogotá se consolidaban,
tanto la aceptación oficial, como la admisión de los niveles de calidad
alcanzados en la utilización artística del video, con la exposición
Generación Intermedia, organizada por la Biblioteca Luis Ángel Arango.
Allí participaban las obras Circo de Pulgas Cardoso, performancia con
video de María Fernanda Cardoso y Ross Rudesh, trabajo que ya gozaba de
reconocimiento internacional; Camino, video instalación de Rolf
Abderhalden; y Transhistorias, video instalación con grabado de José
Alejandro Restrepo.
El área de Artes Plásticas y la curaduría
artística de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la
República, con toda su capacidad económica y poder institucional, se
ratificaba como la entidad que más había apoyado la exhibición, promoviendo la
“museificación” de trabajos
videoartísticos en el país. Los numerosos artistas jóvenes que ahí, tuvieron
oportunidad de mostrar sus trabajos con video, o incluso, el respaldo para la
proyección de la obra y carrera del videoartista José Alejandro Restrepo, fueron
fundamentales en el desarrollo, legitimización y aval contextual, de estas
producciones.
Justamente, en este mismo año, José
Alejandro Restrepo volvería a exponer, con un video-grabado, en la
Biblioteca Luis Ángel Arango junto a otros artistas internacionales
como Vito Acconci, Arakawa, Alice Aycock, Sandro Chia y Robert
Mapplethorpe; entre otros. El proyecto Graphicstudio - El Campo Expandido de
la Gráfica, los había invitado a
desarrollar una obra en grabado, para ser realizada en sus talleres en
Estados Unidos.
En Medellín, el XVIII Salón Arturo y
Rebeca Rabinovich del Museo de Arte Moderno de Medellín, premiaba a
la video instalación de Juan José Rendón: Asiento con Respaldo, por lo
General con Cuatro Patas, y en el cual sólo Cabe una Persona. El 37 Salón
Nacional de Artistas 1998, que se llevó a cabo en Corferias
en Bogotá, exhibía una considerable cantidad de obras con video,
entre las cuales, obtuvo el primer premio Fallas de Origen, video
instalación de Wilson Díaz.
Frente a
estos éxitos, es necesario aludir a algunas constataciones que se presentaban,
notablemente, en estas grandes exposiciones. Especialmente, las video
instalaciones se enfrentaban a limitaciones para el reconocimiento de sus reales
calidades artísticas: el hecho de que se hubieran expuestos muy pocos trabajos
internacionales en el país y se desconocieran sus realidades históricas
universales, comprometía un desarrollo comparativo en su apreciación. Todas las
partes interesadas e involucradas, desde los propios artistas con propuestas
que, en demasiadas ocasiones, apenas ensayaban inconsistentemente con el medio,
pasando por la falta de idoneidad o criterios competentes en los jurados y
curadores, o la estrechez conceptual de los raros críticos; hasta la
desorientación del público, podían proporcionar confianza en el valor de los
trabajos.
Los
montajes museográficos tradicionales, por desconocimiento del complejo medio y
sus dispositivos técnicos, también entorpecían y desvirtuaban las obras
expuestas. Por ejemplo, en relación con las video instalaciones, éstas necesitan
de condiciones acústicas y espaciales que acondicionen los elementos, tanto
sonoros como materiales, para que no sean interferidos.
En cuanto
a las obras de videoarte de presentación en reproducciones monocanal se
refiere, todavía no se distinguen las condiciones de copiado ni formatos, de las
cuales las dependen para su calidad, las reproducciones, ni tampoco se resuelve,
claramente, si deben ser
proyectadas en sala como “películas” y en serie, o si requieren ser presentadas
como objetos en monitores individuales y en repetición.
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Un buen
ejemplo de instalación controlada, por su disposición y montaje, fue
Dormitorio,
de Rolf
Abderhalden. Aprovechamiento de una sala aislada, adecuación espacial y de
iluminación, así como, una virtuosa construcción objetual; denotaban un dominio
en la creación escenográfica, habilidades que, seguramente, provenían de las
fecundas experiencias teatrales de su autor. Esta video instalación, basada en
un texto donde el pintor Vincent Van Gogh describía su cuarto, sugestivamente,
concentraba el ambiente a través de metáforas visuales, expresadas por estados
dramáticos. Dormitorio, expuesta en el Museo de Arte Moderno,
fue la obra ganadora de la VI Bienal de Arte de Bogotá.
Durante 1998, en Cali, el Museo de Arte
Moderno La Tertulia organizó un evento destacable: Ana Claudia Múnera
Videos - Instalaciones, exposición individual de la artista antioqueña, en
la que presentó Matriz, Vestido de Novia, Ronda y Canesú, trabajos
sobre lo femenino. Esta videoartista volvía a demostrar sus afectos por
la exploración de un universo íntimo, a partir de sensibilidades suscitadas con
la reconstrucción de situaciones introspectivas, sobriamente representadas en
sus discretas y finas video instalaciones. A nivel internacional, sus obras
fueron apreciadas en el Museo de Arte Moderno Louisiana en Dinamarca, la II Bienal de Mercosul en
Brasil, la VI Bienal de la Habana en Cuba, en el Colombian Center
de Nueva York, así como en importantes exposiciones en Alemania y
España. Entretanto en Bogotá, en el Auditorio
Teresa Cuervo del Museo Nacional de Colombia se presentó la performancia
con video Teoría del Color (Una Contribución al Desorden en las Taxonomías)
del grupo Tente en el Aire (Marta Cecilia Restrepo; Rolf
Abderhalden; Alejandro Gómez y José
Alejandro Restrepo). La obra, realizada con el apoyo de una Beca de Creación
otorgada por el Ministerio de Cultura en 1997, pretendió contar una historia
acerca de las miradas, discursos y hechos; que han rodeado al racismo en
Colombia. |
Después
de su dificultoso arranque en los años ochenta y de sus paulatinos progresos a
principio de los años noventa, el videoarte, a finales de esta década, parecía
conocer un cierto florecimiento que tuvo, provisionalmente, su apogeo en 1999.
La proliferación de trabajos, en todas las tendencias y calidades, dio lugar a
un raudal de acontecimientos que hicieron prosperar un estado de cosas, en donde
el video emergía casi como una moda, muchas veces apropiado por simple
oportunismo o “truismo”.
Los
comunes desconciertos, ante los grises resultados logrados, eran inherentes a
esta inédita coyuntura. Sin embargo, también era indudable que, en medio de la
normal mayoría de insipiencias y de las contadas obras redimibles, los trabajos
de muchos nuevos artistas se orientaban, indefectiblemente, hacia una
utilización de nuevas tecnologías donde el video dominaba. Una situación que, en
todo caso, prometía perspectivas más amplias.
|
Es así
como, en 1999, un nuevo gran festival se emprendió en Bogotá. Tele-Visión - Muestra Internacional de
Artes Electrónicas,
que se expuso en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. Esta exposición
colectiva, a partir de una convocatoria pública nacional, consiguió generar un
foro sobre la producción artística y cultural, en torno a los medios
electrónicos. La muestra comprendía una excepcional cantidad de videoartes,
instalaciones, multimedias y trabajos de hipermedia para Internet, tanto
nacionales como internacionales, constituyéndose como una de las más grandes y
de mejores calidades que se hubiesen presentado en Bogotá.
Como evento teórico complementario, se
llevó a cabo el seminario Perspectiva desde Nueve Sillas, Conversaciones
sobre el Arte Hoy; cuyo objetivo fue pensar, desde diversas disciplinas, las
relaciones entre arte, tecnología y cultura, en el mundo contemporáneo. En éste
participaron los filósofos Gustavo Chirolla y Rubén Sánchez; los videoartistas,
José Alejandro Restrepo y Gilles Charalambos; así como, la compositora Catalina
Peralta. |
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Con esta muestra, también seguían sin
darse los seguimientos críticos o los acercamientos teóricos sobre las obras
presentadas. En los medios masivos, prensa y T.V., los comentarios se
conformaban con parcas reseñas informativas.
La organización y gestión del colectivo
Aproximadamente 15º (Nasly Boude, Gabriela Häbich, Ana María Lozano y
Xavi Hurtado) había dado lugar a un evento, sólidamente, sustentado por
el apoyo, económico y material, de distintos y numerosos patrocinadores,
principalmente institucionales. Esto garantizaba un suceso con apreciables
alcances que, sin embargo, no fue suficiente para la continuidad y reincidencia
de esta significativa muestra.
Debemos
señalar que los aportes, dispensados por los auspicios de la empresa privada,
nunca fueron sustanciales para la exposición y distribución del videoarte en
Colombia; ya que, por una lado, nunca se ha tenido una posición clara con
referencia a las artes electrónicas, incluso en las grandes empresas del sector
electrónico de las telecomunicaciones; y por otro las gestiones organizativas
tampoco han solicitado, seriamente, el apoyo de entidades privadas.
De la
misma manera, se podría constatar, históricamente, que las instituciones
internacionales que han, principalmente, proveído y colaborado en la
distribución del videoarte en Colombia son la Embajada de Francia, a
través de su oficina de servicio audiovisual, y el Instituto Goethe de
Alemania. Por el contrario, es reveladora la menor participación de los
organismos encargados de Estados Unidos y de España que, supuestamente, tienen
vínculos e intercambios culturales más arraigados con
Colombia.
Es así como, por las gestiones del
Instituto Goethe de Bogotá, se presentó en su sede una muestra titulada Arte
Electrónico Actual, con una selección de las obras presentadas en la
Transmediale, importante festival de artes electrónicas que se realiza en
Berlín desde 1988. El programa, que comprendía obras realizadas en soportes
electrónicos como Internet, multimedia y video; tuvo como objetivo ofrecer un
panorama de las artes electrónicas a nivel internacional. En paralelo, Micky
Kwella, director de la Transmediale, dictó las conferencias Arte
Electrónico Actual y Video Arte Alemán Contemporáneo, en las que hizo
referencia a las posibilidades de los medios electrónicos y a sus exploraciones
actuales.
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También en este año, y en el mismo
Instituto Goethe, se expuso Jardín de(l) Goethe, video instalación
realizada por la artista Claudia Robles. La obra aprovechaba, conceptualmente,
los espacios del jardín, a través de video proyecciones sobre diferentes planos.
La misma noche de inauguración se presentó la video instalación Péndulo,
creada por el joven artista Felipe Arturo; obra exhibida en espacio público, en
las afueras contiguas al instituto. La calle era el espacio donde oscilaba,
virtualmente, un elemento visual entre dos video proyecciones.
Por otro lado, el Festival
International de Bourges en Francia, dedicado tradicionalmente a la música
electroacústica, incluía en su muestra Synthèse 99, programas de
videoarte con obras de Robert Cahen, Gary Hill, David Larcher, Bill Viola y Nam
June Paik; entre otras. También allí participó el videoarte colombiano de Gilles
Charalambos titulado 00:05:27:30. En Bogotá, el Museo de Arte Moderno
organizó la exposición Arte y Violencia en Colombia desde 1948, con
el fin de mostrar la manera como diferentes artistas asumían y trataban esta
temática. Allí se destacaron las video instalaciones Musa Paradisíaca, de
José Alejandro Restrepo; De Doble Filo, de Clemencia Echeverri; La
Bandeja de Bolívar, de Juan Manuel Echavarría; y Camino, de Rolf
Abderhalden. |
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También en la capital, Puntos de Cruce
- Programa Johnnie Walker en las Artes 1998 - 1999 se exhibía en la
Casa de la Moneda del Banco de la República. Concursaban para este premio, entre otros
trabajos, diferentes video instalaciones de ya reconocibles artistas
nacionales: Vestido de Novia, de Ana Claudia Múnera; Lo demás es
Silencio, de Rolf Abderhalden; Dulce Ilusión, de Adriana Arenas;
y Canto de Muerte, de José Alejandro Restrepo, la cual obtendría uno
de los premios otorgados. Poco después y en esta misma sala de
exposiciones, se presentó, tal vez, la más destacada exhibición de un
videoartista extranjero en Colombia: Muntadas - Intersecciones, que fue
una nutrida muestra de la obra del reconocido videoartista catalán Antoní
Muntadas. Sus inteligibles video instalaciones giraban alrededor de una
convenida crítica a los medios de comunicación, donde la apariencia y
manipulación ideológica es revelada por la observación de sus procedimientos
audiovisuales.
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En otro contexto, Después de
Tele-Visión - Muestra Internacional de Videoarte que se presentó en el
Museo de Arte Moderno de Bogotá, fue un evento que exhibió
selecciones temáticas del programa de videoarte presentado, anteriormente, en la
muestra internacional de artes electrónicas Tele-Visión; acompañada de
una serie de presentaciones y conferencias, a cargo de los artistas Gabriela
Häbich, Santiago Echeverry, Andrés Burbano y Gilles Charalambos; así como del
profesor Juan Guillermo Buenaventura.
A pesar
de la cantidad de acontecimientos alrededor del videoarte, así como de la
creciente presencia e interés que éste despertaba en el medio artístico
nacional, seguía siendo patente el hecho de que el principal esfuerzo reflexivo
para la presentación explicativa o introductoria de las obras, todavía era una
tarea asumida por los mismos artistas, en ausencia del aporte de teóricos.
Habría que reconocer que los artistas también eran, muchas veces por contactos
internacionales directos entre videoartistas, quienes allanaban y organizaban
las apariciones colectivas más importantes del videoarte colombiano en el
extranjero.
Otra
exhibición era emprendida por una videasta: el 2º Salón Nacional de Video Experimenta.
Diez años después de su
primera edición como 1er Salón
Colombiano de Video-Arte,
volvía a presentarse en el Centro Colombo Americano de Bogotá y
organizado, una vez más, por Omaira Abadía. Gran parte de los trabajos
programados fueron conformados por videos “autoseleccionados” de esta
realizadora, otros ya habían sido mostrados en el 1er Salón; los demás no
parecían representar, confiablemente, la actividad “experimental” del video en
Colombia: su desidia general y la no participación de la mayoría de
videoartistas nacionales, evidenciaban esta situación. Este “Salón”
reincidía en los errores y problemas, ya patentes en su primera oportunidad.
En
cambio, otro evento, Órganos Externos - Muestra de Arte Electrónico,
con la colaboración
en la organización del videoartista Andrés Burbano, lograba reunir interesantes
trabajos, principalmente, de alumnos de artes plásticas de la Universidad de los Andes. En la
Galería del CTT (Centro de Transferencia de Tecnología) de Bogotá, se expusieron
obras realizadas con diversos medios electrónicos; instalaciones interactivas y
videoartes daban cuenta de desarrollos avanzados, desde perspectivas en proceso
de formación.
En este
mismo evento, Andrés Burbano,
en su compleja instalación interactiva con video e Internet: Unidad
Multiplicidad (Religare Relink), se reafirmaba en sus exploraciones sobre
mediatización de la percepción y reestructuraba referencialidades en las
relaciones existentes entre arte y tecnología; intencionalidades que ya había
podido expresar, en videoartes como Sanguíneo, T.V. or not T.V.,
La Máquina de Pascal o Electrólisis
Preliminar.
Del mismo modo, en el Museo de Arte
Moderno de Bogotá, se presentó la Primera Muestra de Video Estereoscópico;
también compuesta por trabajos estudiantiles de la Universidad de Los
Andes, éstos eran ejercicios creativos sobre diferentes
posibilidades de la “video-estereoscopía”, tecnología de registro tridimensional
en video.
En otro ámbito, la Galería Valenzuela y
Klenner de Bogotá demostraba su interés, excepcional en un espacio
de mercado del arte, por las expresiones actuales y la inclusión de
videoartes. De esta manera,
presentó la exposición Status.Quo.Co, que giraba alrededor de
distintas visiones sobre Colombia al final de milenio, y comprendía obras con
video de Adriana Arenas, José Alejandro Restrepo y Wilson Díaz, entre
otros.
En
contextos más amplios de apreciación, se presentaban dificultades de acceso
continuo debido a la ausencia de videotecas o centros de documentación, con
servicios de acopio, adquisición y conservación, que permitieran una difusión,
abierta y a nivel personal, de las obras internacionales y colombianas. Quizá la
única universidad que trataba de ofrecer cierto material de revisión para sus
estudiantes era la de Los Andes en Bogotá, con una considerable cantidad de
obras recopiladas en video.
Tampoco existían suficientes colecciones privadas, que consintieran a
una distribución alternativa de estas obras. Uno de los pocos casos que se
podrían citar, es el de la donación al Museo de Arte Moderno de Bogotá, en 1999,
de más de cincuenta casetes, con cientos de obras internacionales, de la
colección personal de Gilles Charalambos; pero, hasta la fecha, este archivo,
que se encuentra en la Biblioteca del Museo, todavía no ha sido catalogado ni
referenciado, para procurar un servicio de préstamos eficiente.
Los
problemas de conservación son graves en
las obras que no se han copiado ni catalogado; por ejemplo, las
condiciones técnicas del video analógico, con sus degeneraciones por copias o
fragilidad de soporte en cinta, han ocasionado que numerosas obras colombianas se hayan,
definitivamente, deteriorado o perdido. El caso de las video instalaciones es
quizá más complicado, ya que muchos de estos trabajos, de carácter efímero no
contaron con registros documentales ni material para su conservación
descriptiva.
El 2000 fue muy prolífico en
acontecimientos videoartísticos. Se constataba el auge del video, abundaban sus
producciones y la penetración alcanzada, hacía ineludible su presencia en
diversos ámbitos artísticos nacionales.
El año empezaba promisoriamente en Berlín,
Alemania, lugar donde tendría lugar la Transmediale, uno de los más
notables festivales internacionales de artes y nuevos medios. En la
Transmediale 2000 se presentó una muestra retrospectiva del artista
Gilles Charalambos, que incluía trabajos que daban cuenta de sus más de 20 años
de trayectoria. Este reconocimiento internacional, fuera de positivas
valoraciones logradas a este nivel, también permitió contactos robustecidos para
ulteriores distribuciones de videoarte colombiano en Europa.
Pocos meses más tarde, el Museo de Arte
Moderno de Bogotá presentaba Arte Electrónico en el MAM. Se
trataba de una pequeña muestra, seleccionada de la Transmediale 2000 de
Berlín, e introducidas por Micky Kwella, curador y coordinador Alemán de
este evento. En paralelo a esta presentación, se realizó una exhibición de
trabajos colombianos; entre ellos, una selección que el artista Juan Fernando
Herrán había curado para el llamado Proyecto pentágono[2].
En otro contexto y modo, la
Galería Valenzuela y Klenner persistía en la realización de exposiciones de
algunas obras videoartísticas, aunque éstas, difícilmente, tuviesen valor de
intercambio mercantil. Idillicum: Desear, Soñar, Anhelar; destacaba obras
como las de María Margarita Jiménez y Juan Carlos Haag. Pocos
meses más tarde En Vitrina, exponía obras que abordaban, de manera
irónica, dentro de espacios convencionales, el tema de la economía colombiana y
el mercado del arte. Allí se podían encontrar videoartes como: Cada
Vez que Pasa esta Bolita de María Margarita Jiménez y Baño en el
Cañito de Wilson Díaz.
La Galería de la Alianza Colombo
Francesa, en Bogotá, presentaba una exposición individual del realizador
Santiago Echeverry que, bajo el título de Espéculo, giraba en torno a
temáticas sobre homosexualidad e imágenes televisivas de la violencia en
Colombia. En forma de austeras video instalaciones, se exhibían las obras
Reflejos, Posición Neutral, BM + G y Lover Man Where Can
you Be, donde Echeverry reincidía en sus francas posturas
expresivas, oscilando entre lo social y lo muy personal, frente a los derechos
civiles y humanos de lo sexual, así como al reconocimiento de su propia
identidad, en apariencia narcisista y otras veces provocadora, pero siempre
cuestionante.
Paisaje 1, de los artistas Claudia
Salamanca y Daniel Mora, fue una exhibición inusitada en Bogotá; este era un
proyecto ganador en la convocatoria de Imaginación en el Umbral del
Instituto Distrital de Cultura y Turismo de Bogotá. La obra, realizada en
espacio público, planteaba un concepto expandido sobre el paisaje urbano,
entendido no como imagen estática habitable, sino como compleja construcción
cultural y comunicativa. Tuvo como marco móvil un vehículo, con una pantalla
compuesta de 16 monitores, que se desplazó por diferentes lugares de la
ciudad.
La motivación del Premio Luis Caballero
volvía a convocar, en su 2ª Versión, trabajos de artistas consagrados
para ser expuestos en la Galería Santa Fe del Planetario de Bogotá. Uno
de los artistas participantes fue José Alejandro Restrepo, quien presentó
Iconomía, una video instalación que aludía al culto a las imágenes hoy en
día, y remitía a la antigua disputa entre iconófilos e iconoclastas. Los videos
“pirateados” habían sido extraídos, principalmente, de noticieros televisivos
nacionales. Poco después, se presentó la video instalación Exhausto aún Puede
Pelear, de Clemencia Echeverri; temáticamente recorrida por una metáfora
sobre reto y combate, evocada por una riña de gallos, así como por un duelo
entre dos hombres. Acertadamente resuelta en lo formal, la obra pretendía ser
una reflexión sobre la violencia padecida en Colombia.
Estos dos artistas, luego participarían en
la VII Bienal de la Habana en Cuba; Clemencia Echeverri, con su
video instalación Casa Intima y José Alejandro Restrepo, de nuevo, con
Iconomía. Para este mismo
concurso Premio Luis
Caballero, se preparaba la video instalación de Rolf
Abderhalden,
titulada La Mirada Ciega, que se expondría en el 2001.
Con el
objetivo de introducir a
espectadores deshabituados al arte electrónico, el Museo de Arte Moderno de
Cartagena (MAMC) proponía VIDEOARTE - Imágenes con Movimiento en
Soporte Electrónico. Esta era una muestra antológica, curada y presentada
por Gilles Charalambos, en la que se revisaron, durante una semana, las obras de
los artistas internacionales Zbygniew Rybczynsky, Bill Viola y Peter Greenaway.
El interés suscitado, impulsó la perspectiva de un futuro festival internacional
de videoarte en la ciudad de Cartagena.
En Bogotá, el Café–Galería El Municipal
del Teatro Jorge Eliécer Gaitán acogía la exposición Digitalizar. T,
donde confluyeron propuestas actuales del joven arte digital colombiano; y se
realizaron, entre otras actividades, una exposición virtual de arte hipermedial
por Internet, además de video conferencias, sobre problemáticas del arte en la
red y lo interactivo.
Se puso
en marcha Fragmentos De Un Video Amoroso II, un
proyecto inusual en el medio artístico colombiano, para reunir, alrededor de una
temática, a más de 30 artistas colombianos provenientes de diferentes ámbitos de
la plástica, para proponerles una creación colectiva en video. Esta situación
compartida, no resultaba común en nuestro poco solidario medio. Los videos
serían realizados, a partir de diferentes capítulos de los Fragmentos de un
Discurso Amoroso, del escritor y
semiólogo francés Roland Barthes; seleccionados por azar y asignados a cada uno
de los artistas participantes. El proponente y coordinador del proyecto, el
videoartista José Alejandro Restrepo, había invitado a artistas, que en su mayoría, tenían una
reconocida trayectoria, pero que no necesariamente, contaban con una afianzada
experiencia en las técnicas o lenguaje del video. Así, pues, los resultados ofrecerían soluciones muy
variadas.
A finales de este año, se editó el libro
titulado Cruces; una reflexión sobre la crítica de arte en general, y la
obra de José Alejandro Restrepo. Su autora, la artista y crítica de arte,
Natalia
Gutiérrez, incluía una larga entrevista con el artista y comentaba algunos de
sus trabajos. Además, anexaba una cronología ilustrada de las obras. Este es el
primer texto extenso, dedicado a un videoartista,
publicado en Colombia.
Finalmente, el año acababa con una muestra
de recientes videoartes colombianos en Interférences 2000,
un
gigantesco festival internacional
que tuvo lugar en Belfort, Francia, organizado por el prestigioso
CICV - Pierre Schaeffer (Centre International de Création Vidéo). La
selección colombiana, la cual fue presentada por su curador Gilles Charalambos,
comprendía obras que daban cuenta de las diversas intencionalidades e
interesantes calidades del actual videoarte nacional. Esta misma muestra, fue transmitida por
ARS T.V. Eutelsat
Channel, primer canal
internacional vía satélite, totalmente dedicado al videoarte. Por otro lado, en el contexto de
reuniones entre los varios representantes y artistas latinoamericanos, se
propiciaron planes de asociación y diferentes intercambios; los cuales, muy
seguramente, facilitarán nuevos impulsos para el avance de este arte en la
región, hacia un futuro próximo.
En el
campo educativo, la formación en videoarte había tenido continuidad y presencia,
en las principales facultades de arte, desde comienzo de los años noventa.
Referencialidad teórica, revisión de obras y prácticas en ejercicios guiados,
estuvieron principalmente, a cargo de los propios artistas; quienes podían
compartir su experiencia y, a la vez, obtener algunas bases para su
sostenimiento económico.
Ana
Claudia Múnera en la Universidad Nacional de Colombia en Medellín; Omaira Abadía
en las Universidades Jorge Tadeo Lozano, Javeriana, Los Andes y Nacional de
Bogotá; José Alejandro Restrepo en la Universidad Jorge Tadeo Lozano y en la
Academia Superior de Artes de Bogotá (ASAB); y, Gilles Charalambos en las
Universidades Externado de
Colombia, Javeriana y la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. Estos
mismos videoartistas dictaron innumerables conferencias y talleres, en
diferentes centros culturales de varias ciudades.
A partir
de mediados de los años noventa, otros artistas más jóvenes se sumaron a esta
tarea educativa y de difusión: Gabriela Häbich en las Universidad
Javeriana y de Los Andes;
así como María Margarita
Jiménez, Santiago Echeverry y Andrés Burbano, en la Universidad de los Andes; entre
otros.
La Facultad de Artes de la Universidad de
Los Andes, tendía hacia las actuales apropiaciones artísticas, basadas en
nuevas tecnologías digitales; se convertía así en el primer y más importante
centro de formación artística en estas áreas.
Produjeron
importante influencia las participaciones de profesores extranjeros invitados a
los talleres de verano de la Universidad de los Andes: el argentino Jorge La Ferla,
estuvo dictando sus cursos en varias ocasiones; el reconocido videoartista
inglés David Larcher, ofreció un seminario en 1997; al igual que Adrian Bludell
en 1998.
De igual modo, fueron muy valiosos los
aportes del artista catalán, radicado en Colombia, Xavier Hurtado, quien
ya contaba con una sólida experiencia internacional. Ejerció su actividad
docente, principalmente, en las Universidades de Los Andes y Nacional en Bogotá;
donde sus
contribuciones sobre videoarte,
multimedia interactiva, interfases e instalaciones, resultaron substanciales
para entender las artes electrónicas en nuestro medio.
También,
en la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, la
Profundización en Artes y Nuevas Tecnologías, coordinada por Gilles
Charalambos, pudo ofrecer en un nivel avanzado, una serie de cursos constituidos
por talleres especializados e integrados; suscitando la participación y
colaboración de varios artistas, alrededor de proyectos que incluían al video.
Fueron profesores en estos talleres: Ana María Krohne, José Alejandro Restrepo,
Santiago Echeverry, Andrés Burbano, Xavier Hurtado y Alejandro Duque; entre
otros videoartistas.
La
renovación en propuestas y producciones universitarias, ha sido promovida desde
escenarios juveniles,a través de la organización de concursos como
Equinoccio de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá, Los
Césares de la Universidad de Manizales, Los Héctores de la
Universidad Bolivariana de Medellín, o los festivales internacionales
Input y Viart, donde nacientes trabajos experimentales, ya son
aceptados.
Una
nueva, y quizás mejor preparada, generación de video creadores está en marcha.
Tania Ruiz, Esteban Rey, Francois Bucher, José Gabriel Calderón, Luis Eduardo
Serna, Wolfgang Guarín, Felipe Arturo, Ximena Díaz, Víctor Albarracín, Bárbara
Santos, Alejandro Mancera y Rolando Vargas, son sólo algunos de los jóvenes
artistas que, desde ya, han comprobado sus intencionalidades en la creación con
video.
La
experiencia y desenvolvimiento del videoarte en Colombia, siguen caracterizados
por su dificultad estructural para insertarse en un sistema estable de
producción y distribución. De cierta manera, esta condición le ha permitido una
marginalización positiva: alejada de los mercados y de las demandas del
establecimiento artístico; así como de las fórmulas del oficio de realización
habitual o del estancamiento estilístico comprometido por el reconocimiento
social. En éstas circunstancias paradójicas, se ha acercado a posiciones
realmente independientes y, así, ha propiciado prácticas experimentales más
libres.
Desde un
punto de vista prospectivo, la situación privilegiada e integradora del video
dentro del dominio innegable de las nuevas tecnologías, las convergencias
intermediales en las artes y el advenimiento de procesos comunicativos,
potencializados en el campo artístico; hacen previsible prósperas evoluciones de
este medio, hacia perspectivas exploratorias que necesitarán seguimientos más
atentos.
Quisiera terminar este recuento con una anécdota significativa, la
cual, podría ayudar a metaforizar el estado mítico en que se encuentra el
videoarte en el país. Una pintura sobre San Francisco, atribuida a Zurbarán, que
se hallaba en una de las salas de exposición de la Biblioteca Luis Ángel Arango
de Bogotá, fue objeto de un extraño suceso. El celador que, por un sistema de
video vigilancia, había observado el traslado de esta pintura a otro sitio, no
podía creer lo que estaba viendo: el San Francisco pintado seguía allí, en su
pantalla. Asombrado, llamó a las autoridades del museo quienes, después de
reconsideraciones técnicas, terminaron con la maravilla arguyendo una supuesta
persistencia de la imagen electrónica sobre el tubo de la cámara de video. Pero
el fantasma no terminaba de desaparecer de la
pantalla.